La extraña pesadilla me dejó mal cuerpo. Después de pasarme varios minutos intentando mantener la mente ocupada, acabé casi sin quererlo con el teléfono en las manos. Tras pensarlo un poco, decidí llamar a casa. Podía hacerlo ¿no? No me hacía parecer un crío, ni indicaba que estuviera desesperado. SOlo llamaba a casa, para escuchar la voz de mi padre... pero no tenía nada que ver con cuando era pequeño e iba a buscarle después de una pesadilla. En absoluto. Lo cogieron al tercer pitido. Reconocí la voz de Zach. - ¿Diga? - Hola, enano. - ¡Ted! ¿Cómo estás? - Bien... Oye, ¿está papá? - Está un poco liado, con Alice, en el baño. Miré el reloj. Claro, era la hora de la ducha. Aunque de hecho debían ir con un poco de retraso... Pasaba, algunos sábados. El horario no era tan rígido como e

