Sinceramente Minying estaba harto de la situación tan embarazosa en la que se encontraba, era demasiado horrible para él que todos a su alrededor le miraran raro, le trataran de forma especial o simplemente lo persiguieran mucho cuando era el tiempo libre de los soldados. --Y…¿por qué todos después de odiarte…--…--Busco el alcohol para abrirlo y verter unas cuantas gotas en el algodón--…--Ahora son como tus perros falderos?— Minying se encogió de hombros. --La verdad no lo se. Desde hace como dos días están así, la verdad es que no se ni donde esconderme cuando quieren hablar conmigo--…--le hizo un ruedo a su chaqueta para que quedara a la mitad del antebrazo--…--No puedo confiar en ellos después de que prácticamente querían ver mi cabeza rodando por los pasillos.— --Tienes razón-

