Hiram se sienta en mi sofá y platicamos al menos una hora, es alguien completamente agradable y simpático, puedo decir abiertamente que me encanta su carácter y su forma de tratarme, o bien, de tratar a la gente. Se siente bien saber que, pese a todo lo que le acabo de contar, el aún me sonríe y me tranquiliza diciendo que todo va a estar bien, eso era lo único que yo necesitaba. - Gracias por todo, Hiram. No sabes cuánto te agradezco todas tus palabras y atenciones, es algo que nunca olvidaré. - Yo tampoco lo olvidaré. Eres una chica especial, y tranquila, que si el padre de tu hijo no sabe valorarte, yo feliz lo haría - Se para y camina por la habitación hasta llegar a la puerta con una hermosa sonrisa en los labios - Creo que ya es hora de irme, señorita Lincon, espero que nos poda

