― ¡Hyung, hyung, hyung! Apretó las manos contra el pecho del mayor, intentando así tener algo de soporte y no caer de cara hacia adelante por la debilidad de sus extremidades, sintiendo cómo sus piernas temblaban sin control. Era el segundo y último día del celo de Haneul y sería una gran mentira que se habían quedado quietos después de la primera vez, porque no era ni de cerca a la realidad. Sí es verdad que descansaron un poco cuando terminaron, tres horas de siesta que les ayudó a recuperarse y tomar un poco más de energías, antes de que el alfa despertara con otra erección. Ese día ya era por la noche, por lo que pronto el celo comenzaría a bajar o al menos eso esperaban, ya que el omega estaba sumamente cansado, pero igualmente dando lo mejor de sí, con ayuda de su lobo. La marca

