Soltó un suspiro mientras se apoyaba en la pared, ya que subir los escalones había hecho que su retaguardia doliera aún más que antes. El ascensor estaba casi listo, por lo que aún no podía ser utilizado. ―Ay, me duele―jadeó bajito para sí mismo, retomando su paso para poder llegar a la oficina. Finalmente le había pedido al cocinero que llegara en unos diez minutos a su oficina, ya que no podía podría distraerlo demasiado en su trabajo. No quería que se preocupara de más por su economía, ya que sabía que su hija era un apoyo en ese momento y ahora que ya no estaría trabajando, podría tener muchos problemas. Por lo que quería darle una pequeña solución para que pudiera tener un ingreso extra, además de su sueldo normal. Claramente no tenía ningún rencor con nadie, ni con el padre, ni c

