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3796 Palabras

Jadeó bajito cuando sintió que su cuerpo no podía moverse con la libertad que deseaba, siendo que algo estaba evitando que pudiera estirar sus extremidades, haciendo que se quejara en voz baja, sin abrir los ojos. Era temprano por la mañana y podría saberlo por la luz que daba sobre su rostro, sabiendo que siempre se olvidaba de cerrar las persianas y por ello el sol golpeaba de lleno en su rostro por las mañanas. Sin embargo, notó que el sol estaba dando al lado contrario del que solía hacerlo normalmente, por lo que frunció el ceño en confusión. ―Si sigues moviéndote así, vas a terminar ahorcándote con las mantas. La voz conocida hizo que su ceño dejara de fruncirse, mirando en dirección por donde la voz de había escuchado, aunque era bastante inútil, ya que mantenía sus ojos cerrados

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