Elena esperó a André para tomar el desayuno, no sabía si él querría saber las nuevas noticias, más estaba obligada a contarle, aunque también podía callar y esperar a que las cosas sucedieran como tenían que ser. —Piensas demasiado —dijo André acercándose a ella. —¿Cómo sabes qué estoy pensando? —preguntó y él se encogió de hombros. —Llegue hace unos minutos, tu aroma fue lo primero que me saludó al entrar al comedor, más no dijiste una sola palabra, no sé si eso sea bueno o malo —respondió caminando hasta su asiento. Elena sonrió ante los pequeños avances que él tenía día con día y que quizás fueron innecesarios en algún momento, cuando recuperara la vista. —Me descubriste —aseguró, mientras servía el desayuno. —¿Has pensado la fecha para la boda? —preguntó André, mientras mordía un

