Casi de inmediato, me retracto de lo que he dicho. ―¡Vete a la mierda, imbécil, y olvida lo que dije! Salgo de allí y huyo como cobarde. Necesito respirar un poco de aire puro para aclarar mis pensamientos. Comienzo a desvariar y a decir cosas absurdas que pueden complicar mi existencia. ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Por qué razón dije aquello? ¿Enamorado? ¿Yo? ¡Qué va! j***r, parezco bipolar. Atravieso la sala y salgo a la calle para ir a cualquier lugar en el que pueda quitarme de encima esta incertidumbre que me tiene ansioso y desconcertado. Subo a mi auto y una vez que giro el encendido, acelero con imprudencia haciendo que los neumáticos de mi vehículo chirreen al deslizarse sobre el pavimento. Me alejo de allí precipitadamente y sin rumbo fijo, buscando un lugar en el que

