Es de noche. La choza es pobre, aunque segura. Sombrío es su interior, mas algo se percibe que irradia entre las sombras de su oscuro crepúsculo. Redes de pescador cuelgan de sus paredes. Y al fondo, en un rincón, una vajilla humilde, encima de un arcón, destella vagamente, y una gran cama adviértese, echadas sus cortinas. Cerca, un colchón se extiende sobre unos viejos bancos, y cinco niños sueñan en él como en un nido de almas. El hogar donde unas llamas velan alumbra el techo oscuro, y una mujer, de hinojos, la frente sobre el lecho, reza y piensa, agitada. Es su madre. Está sola. Blanco de espuma, afuera, contra el viento, las rocas, las sombras y la bruma, el torvo Océano lanza sus oscuros sollozos. II Su hombre está en el mar. Marino desde niño, contra el siniestro a

