Continuación del capítulo 3

1680 Palabras
- no es culpa de ellos que tú seas tan hermoso.-Me sonrojé al caer en cuenta de lo que acababa de decir. - pero- dijo para cortar la incomodidad del momento- hubo algo que me llamó mucho la atención. – Hizo una pausa- para la mayoría de personas de tu salón eres invisible, es como si fueras translucida como si fueras un… -…fantasma – lo interrumpí. - si, un fantasma ¿por qué te gusta pasar desapercibida? No lo entiendo, para la mayoría de personas ser ignorado es la peor ofensa que pueden recibir y a ti; por el contrarío, parece agradarte.- por el tono de su voz intuí que estaba desconcertado.- dime ¿por qué te gusta ser ignorada? - no se, es algo que yo no podría explicarte, ni yo misma lo se. Me solté de él. Lo mire a la cara con expresión sería. -¿puedo preguntarte algo?- pedí. Noté que la expresión de su rostro se endurecía. En sus ojos brilló el recelo. - Dispara- respondió. -¿Cómo prefieres que te diga ¿Hell o Patrick? Su expresión se suavizó; esbozó una sonrisa. -yo creo que cuando estemos afuera Patrick. Pero -hizo una pausa mientras se levantaba de la cama y ponía su rostro a escasos centímetros del mío- cuando estemos a solas me puedes decir Hell. Me acerqué más a él, avisándole con la mirada lo que pretendía; pero él puso su dedo índice sobre mis labios. -¿pero…? -shhh… alguien viene- dijo él en voz baja. En cuestión de segundos, él desapareció dejando en su lugar un gato blanco. -¿es mi madre?-pregunté con desgana. El gato asintió con la cabeza. Me puse de pie de inmediato, recogí la camisa que Hell se había quitado; la enrolle y la guardé debajo de mi almohada. De repente se abrió la puerta de mi cuarto. -hola- saludó mi mamá. - esto… hola - ¿pero por qué este cuarto esta tan oscuro?- dijo ella mientras abría las cortinas de mi cuarto. - mamá es que al gato no le gusta la luz- le respondí con los ojos entrecerrados tratando de acostumbrarme a la tenue luz del crepúsculo que se filtraba a través de la ventana. Rápidamente cogí al Hell en mis brazos y fui a cerrar las cortinas. -así esta mejor- dije mientras acariciaba la cabeza al gato. - y ¿cómo te ha ido con este gatito?- preguntó mi mamá mientras intentaba acariciar al gato, pero no pudo porque él le gruñó- ¿ya le pusiste nombre?-dijo mientras alejaba la mano del gato. - si, se llama Hell- dije mientras miraba al gato ronronear tiernamente en mis brazos- ¿cómo te fue?- agregué para sacar otro tema de conversación. - bien- suspiró mi mamá- pero me temo que tengo que irme por una semana, y el avión sale hoy. Perdóname pero tendrás que quedarte sola. Por lo general cuando mi madre tenía que irse me entristecía pero esta vez no; eso significaba que podía quedarme toda la semana con Hell. Mi corazón se acelero de emoción. ¡Si!. Dije para mi fuero interno. -que mal mamá- exclamé con simulada tristeza. Cosa que no me preocupó; ya que, mi madre era muy poco perceptiva. - pero lo mejor es que no vas a estar sola porque tendrás de compañía a este adorable gatito.- dijo ella tratando de animarme. ¡Ja! Adorable gatito, más bien un magnifico joven. - pero no va a ser lo mismo sin ti mami- traté de que sonara como farfullo patético. - tranquila, voy a dejarte la tarjeta de crédito ¡la que tiene dos millones de limite! Ese era siempre el error de mi madre, pensar que el dinero lo solucionaba todo. ¿Acaso cree que solo la voy a extrañar por el dinero? -gracias mamá- agradecí con falsedad; no estaba de humor para discutir lo de el amor y el dinero. - puedes ir de compras mi amor; ve y cómprate algo de ropa. Le dediqué una sonrisa fingida. -Pero no compres nada de ropa negra, el n***o no te va- comento ella en tono casual. - no; no lo hare mamá. - me voy a empacar. Mi madre salió de mi cuarto y fue a su habitación. Yo la seguí, aún con Hell en mis brazos. Me senté en la gran cama de madera de caoba de mi madre. -Y ¿como te fue en el colegio?-me preguntó mi madre mientras sacaba su gran maleta de piel de cocodrilo. - hoy vino un chico nuevo- le comenté en tono informal- vino de otro país. Mi madre enarcó una ceja. -¿Y es guapo?- preguntó mi madre. - ¡mamá!- le recriminé. - ¿qué? Es normal preguntarlo si eres una chica.- dijo con gesto pícaro. -pero dime ¿es guapo?- insistió ella de nuevo, mientras metía en la maleta varios vestidos finos envueltos en bolsas. - no te imaginas cuanto- respondí abochornada. Hell en mis brazos profirió una risita, yo le lancé una mirada caustica. -y ¿como es?- preguntó mi mamá desinteresadamente mientras sacaba sus zapatos marca Gucci del armario. - es albino - ¿albino?- preguntó mi madre mostrando poco interés en el tema, supuse que lo preguntaba para hacerme ver que mi vida era interesante para ella. - si, es pálido y de cabello claro; además creo que es un vampiro. El infierno se puso rígido con la palabra "vampiro" - diablos- murmuró ella sin poner atención a lo que yo le decía, estaba mas preocupada en cerrar bien la maleta. - bueno, creo que ya termine.- dijo ella con suficiencia.- ¿Qué era lo que me decías? - te decía lo lindo que es el chico nuevo - ah… sí, que bien que por fin te intereses por un chico- dijo en tono informal mientras cogía la maleta- ¿y como se llama? – pude percibir curiosidad real en su voz. - patricio Mi madre miró el reloj. -diablos- masculló ella- tengo que irme ya - me dio un beso en la mejilla- adiós. - adiós mamá. - no olvides comer, quiero verte viva cuando vuelva- dijo ella en broma. - si claro mamá no lo olvidare Ella salió del cuarto escopetada, tirando de la pesada maleta. Bajo las escaleras, yo dejé a Hell en el piso y fui detrás de ella. -Recuerda comer- dijo ella con gesto apremiante en el umbral de la puerta. Me dio la tarjeta de crédito. - si mamá.- respondí en tono cansino mientras recibía la tarjeta. Salió de la casa cerrando la puerta tras de sí, Suspiré. Al fin solos. Pensé. Sentí unos fuertes brazos que me rodearon la cintura; pegué un respingo. -deberías estar más triste -me susurró al oído una voz seductora. - ¿por qué debería estarlo?- me volteé quedado de frente a Hell. Él había vuelto a tomar forma humana, todavía llevaba el torso desnudo; sonreía de oreja a oreja. -porque tú única compañía es un gato. Empecé a empujarlo suavemente hasta la sala. -Y ahora que estamos solos…- Hell dejo la frase sin completar, insinuado algo. - terminemos lo que dejamos en veremos- le propuse. Hell me tumbó sobre el sofá blanco que había en la sala; se acomodo sobre mí. -¿y qué fue lo que dejamos inconcluso?- preguntó con gesto curioso. - un beso. Él torció las comisuras de sus labios, esbozando una sonrisa. Se acerco a mí y presiono suavemente sus labios contra los míos, hundió sus manos en mi cabello; lo rodeé con mis brazos, tratando de acercarlo más a mí, entorné los labios. Él me beso igual que la primera vez; pero, esta vez fue más agresivo, moviendo sus labios con vehemencia; luego, él mordisqueo mi labio inferior. Me desasí de él, me ardía donde me había mordido; toque mi labio, estaba sangrando. Observé a Hell; pude ver la excitación en sus ojos. -pero… ¿por qué me has…? Él se acerco de nuevo y lamió mi labio con delicadeza. Yo sentí que me derretía. -Que delicia- susurró él extasiado. ¿Hell se habría dado cuenta de lo seductora que sonaba su voz? - ¿mi sangre o el beso? - tu sabes que los dos- dijo mientras curvaba sus labios esbozando una sonrisa que dejó al descubierto sus colmillos blancos y perlados. - ¡tus colmillos han salido!- exclamé asombrada. - si; no es de sorprenderse -rió entre dientes- reaccionan ante el olor a sangre. - ¿tienes sed?- le pregunte tímidamente. Él guardó silencio, era obvio que si. -¿por qué no bebes de mi? Hell se acercó a mí nuca y la besó, sentí un delicioso hormigueo en mi piel. -¿me permites? -murmuró él contra mi nuca. - si Apenas sentí entrar sus colmillos; me imaginaba que iba a desmayar, ya que la primera vez que me mordió me había quedado inconsciente; pero esta vez no, sentí como si me inyectaran una droga; una sensación fantástica recorría mi cuerpo, era un placer indescriptible. Me aferre a él; y note como se iba volviendo su piel más cálida a medida que succionaba mi sangre. Yo no quería que él parara; quería morir en éxtasis, perder mi vida en sus brazos. Finalmente, él se detuvo. -casi no puedo detenerme- dijo él con voz ronca mientras se ponía de pie. - pero… yo… - mascullé confundida. Me sentía mareada y desorientada; pero, extrañamente estimulada. -ahora tienes que dormir; y luego comer un poco- me dijo él con tono imperioso.- creo que debí haberme detenido antes; te vez pálida -en su voz se notó la preocupación- perdóname. - no te disculpes- traté de confortarlo, pero me empecé a sentir soñolienta- no te sientas mal, no es tu culpa. - por favor duerme, descansa- dijo él con ternura. - si me duermo ¿me prometes que cuando despierte vas a estar aquí?- le pedí en un susurro. - si, duérmete de una vez- me exigió el en tono afable. Incapaz de mantenerme despierta por más tiempo me hundí en un sueño profundo.
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