Ella No fue una pregunta lo que rompió el silencio. Fue la forma en que la puerta se cerró detrás de él. No dio un portazo. No hizo ruido innecesario. Simplemente entró… y el aire cambió. Lo sentí antes de verlo. —Buenos días, agente especial Aarón Hamilton. Hay personas que no necesitan presentarse para imponer presencia. Personas que no levantan la voz porque nunca la necesitan, que no explican nada porque todos entienden que están ahí para decidir, no para negociar. Aarón Hamilton era una de ellas. Me incorporé apenas, sin pensarlo. No por respeto. Por instinto. Lo primero que noté fue su mirada. Verde. Fría. Analítica. No había curiosidad en ella, ni juicio emocional. Solo evaluación. Como si yo fuera un expediente que por fin había tomado forma humana. Y tenía lógica si r

