Los celos

1835 Palabras
Mentiría si negara que a partir de la aparición de aquel sobre amarillo y su contenido mis ilusiones flotaban en nubes de algodón dulce, ¡podía comérmelas! Guardé muy bien el último recibo y dejé la lámpara del lado de Gary encendida cuando me fui a dormir, también dejé su comida caliente sobre el mesón de la cocina, casi a las once me fui a la cama y para mi sorpresa concilié el sueño. No sé si debía sentirme culpable. Yo creo que no. Se trataba solamente de una sonrisa que se escapaba de mi boca. Se trataba de un sobre, de una letra A con la iniciaba su nombre. Se trataba del tiempo que el pasó preparando ese sobre, escribiendo y después dejando su aroma para que llegara a mí. Los primeros rayos del sol entraron por la ventana de la habitación y lejos escuché un ruido en la cocina, me sobresalté, hasta babeaba la almohada, estaba profunda. Froté mis ojos, ¡Gary! A mi lado, la cama intacta, mi cuerpo tranquilo. Cuando llegué a la cocina él estaba sentado en el banco ,  sus codos en la repisa comiendo la ensalada de acelga y el pollo en salsa que le dejara en la noche. -Ya debe estar pasada. Hablé llamando su atención, me acomodé el cabello detrás de las orejas tenía que arreglar las cosas con mi esposo. -Sabe bien.-Me miró de lado un poco irónico. -¿Dónde pasaste la noche? -Aquí.-encogió los hombros, ni siquiera lo sentí llegar.-En el sofá, tú estabas profundamente dormida, noté que la preocupación te invadía. -Si estuve muy preocupada por ti.-Me exalté, él masticaba sin parar. -Si, lo noté.-Rió solo. -Estuve esperándote hasta que el sueño me venció y si, no te escuché llegar, estaba  agotada, no entiendo lo que ocurrió. -¿Qué es lo que no entiendes María Victoria? Soltó los cubiertos y clavó en mí sus oscuros ojos. -A ti Gary.-Le respondí bajito, creo que conseguí que bajara la guardia.-¿qué te hizo actuar de esa forma? ¿por qué tan agresivo conmigo? No tenemos ni un año de casados y ya te vas de la casa enfadado.-Limpió sus dientes con la lengua, me pregunté en ese momento ¿si de verdad conocía yo a Gary? -Bueno, lo lamento.-Apartó el plato, no quedaba nada.-Lamento lo del muchacho y lamento haberte ocultado que eras una chica rica. -No me preocupa ser o no una “chica rica” Gary, ¿de dónde sacas eso? -Con ese dinero estas fuera de mi alcance, no sé, ¿celos? Si, celos, tendrás tu restaurante, tal vez floristerías, una cadena de alimentos, que se yo. -Pensé que querías ver hechos realidad mis sueños. Ahora lo entendía menos, se levantó y vino a mí. -Sí, pero no tan pronto y quizás que fuese con mi dinero. Quería que dependiera de él. -¿No crees que eres un poco egoísta? -Ah, no lo habías notado.-rió de nuevo y giró a la sala, yo lo seguí.-Te amo María Victoria y lo sabes. -Entonces porque negarme la posibilidad de tener mis sueños? -¡No lo hacía caray!- Gritó . -Ya no quiero escucharte gritar Gary, no me case contigo bajo esos términos. Su rostro palideció, pero yo no iba a desfallecer. -No es mi intención gritarte, no quiero que pienses que yo…por favor compréndeme María Victoria, apenas llevamos juntos unos meses, no quiero alejarme de ti, no quiero que otras cosas te ocupen. Abrí la boca sorprendida. -Voy a arreglarme, tengo que trabajar. -Está bien, hablamos en la tarde, me ocuparé de traer los documentos que te hacen heredera de algunas cuentas. -Te lo agradecería. A la velocidad de la luz me duché, vestí y partí sin despedirme si quiera.   Me sorprendió llegar a casa y encontrarlo, vestía casualmente, se levantó del sofá donde leía cuando entré. -¡Ya estás en casa!-Me alegré cerrando la puerta, los viernes eran agotadores en la pastelería, aún me quedaba un mes ahí e iría al restaurante de Mahamed, la comida árabe era un misterio para mí. -Sí, regresé después del almuerzo, pensé en trabajar en tu caso. Se acercó y me besó en los labios, no se porque su boca me supo diferente. -¿Mi caso? –terminé de entrar y fui directo a la cocina.-Haré la cena.-Me tomó del brazo y me estrelló contra su cuerpo. -Espera.-Bajo la cabeza y me besó, de una vez abrió mi boca y poco podía evitar notar su excitación a través del pantalón. -Espera Gary.-Lo aparté como pude pero aún enganchada con su brazo en mi cintura. -Lo siento, lo lamento  mucho, no quiero perderte. -¿De dónde sacas eso?-Era inútil luchar por zafarme. -De ti, de tu seguridad, de tu determinación, de lo que despierta en los hombres. Ohhh, yo era una diosa. -No creo haberte dado razones para pensar así,  he sido siempre sincera contigo, como amigos. -¡No somos amigos!-Me acercó mucho más.-¡Ya no María Victoria! -Gary me haces daño.-Lo empujaba pero no podía alejarlo. -Ahí está todo.-Hizo un gesto con la cabeza.-Lo tuyo, lo de tu hermano, el futuro. -Gary, te escucho, pero necesito, necesi…to respirar. Nada de lo que dijera lo ablandaba, sus manos me desnudaban al mismo tiempo que me sometían, su boca abarcaba la mía y su lengua me hería, forcejé pero luego descubrí que eso lo excitaba mas que él quería someterme, hacerme poseedor de mi cuerpo, de mi mente. -Gary, detente por favor. -Ya no puedo.-Su  voz gutural me causó escalofríos, entonces me rendí, subió mi falda y bajó mi prenda íntima con jalones, luego frotó mis piernas y apretó mis nalgas acercándome mucho a él, no podía detener lo inevitable, no esa noche. Se despojó de su pantalón e interior y me llevó a la pared chocándome. Arqueadas mis piernas lo rodearon y mi v****a lo recibió esta vez sin estar lista, así que me dolió como si me desgarrara, no dejaba de besarme y masajear mis nalgas, su ritmo acelerado me indicaba que se vendría así que empujé también y logré que se sacudiera en espasmos contra mí, no me saltó, ahogó más, quejidos en mi cuello y siguió moviéndose hasta que decidió parar y bajarme. Me dolían las piernas y la espalda. -Haré la cena.-Le dije bajándome la falta. -María Victoria.-soltó con las manos apoyadas en sus rodillas desnudas y la respiración entrecortada. -Todo está bien Gary, mañana revisaré eso, cenemos. Me sonrió, ni siquiera notó que no me había satisfecho.   Al día siguiente, apenas el sol salió entre nubes grises, abrí los ojos y tomé la determinación de romper mi promesa, no sería hoy, ni mañana pero estaba cerca, lo que jurara frente al altar no podía cumplirlo, algo me decía que la luna de miel se había terminado y que mi amiga entre piernas ya no añoraría la amistad con el m*****o fuerte y cumplidor de mi esposo. Mi amigo Gary, no era un desconocido, seguía siendo él, el muchacho callado y pensativo que me buscara en el colegio todos los días, el que se molestaba si el señor Alex me tenía una atención o si mis ojos se derretían al encontrarme frente al señor Aníbal. Fui sorda a los consejos, fui sorda a mi intuición, me sentía como si el mismo señor Aníbal me hubiese arrojado a los brazos de un matrimonio acordado, que gracias a su cobardía no se atrevió a ser él el hombre que yo necesitara y como un manipulador mas me enviara su corazón para que yo siempre lo pensara. Ahí, en la cocina entre el grifo y el fuego, estaban  mis pensamientos y la mente esclarecida. De hecho no le comentaría a nadie, sus opiniones me distraerán, ya bastante buena actriz había sido por teléfono todos estos meses, y actuando para mi misma además. Convenciéndome que cediendo a mundo del deseo de mi esposo conseguiría saciar mis propios deseos. Terminé los huevos revueltos y los tapé, el pan ya estaba tostado y el jugo en la mesa, el café en la jarra, me ducharía. Cuando acabé de bañarme Gary ya estaba de pie en la puerta del baño, se rascaba la cabeza, parecía haber dejado todo atrás, por un momento sopesé toda mi determinación anterior. -¿A dónde vas tan temprano? -A trabajar, es sábado, hoy hay doble actividad en la pastelería. -Ahh, pensé que podríamos dar un paseo. -Quizás después.- Salí de la ducha con la toalla alrededor del cuerpo.-O mañana, es domingo. -Si, puede ser.-se quedó otros segundos en el baño, yo comencé a vestirme a prisa, al buscar mi ropa interior noté que estaba cambiada de sitio, callé.-¿Por qué estás tan apurada? -Me tomó por la cintura y me atrajo . -Porque necesito cubrirme pronto, me ha llegado el período y si no me apresuro mancharé todo. Mentí. -Oh, que lastima.-besó mi oreja y volvió a la cama.-Iré por ti en la tarde. -Está bien.-Volví al baño y coloqué la toalla sanitaria en la ropa interior y luego vestí mis senos, me sentía indefensa. -María Victoria estaba pensando.-Una alarma sonó en mi cabeza.-María Victoria ¿me escuchas? -S-si.-Salí del baño y fui al closet por la ropa, escogí un vestido verde militar con cinturón y bolsillos al frente, luego calcé unas sandalias. -Ya vamos a tener un año de casados cariño ¿qué te parece si detienes la píldora? Se me heló la sangre pero aún así fui hasta él y lo miré cariñosa. -¿Quieres que deje de cuidarme?-Le pregunté muy segura. -Aja, ¿a ti te parece mal? -Pensé que era algo que querías retrasar. Fui al espejo y busqué el cepillo para alisar mi cabello mojado. -Sí, pero he cambiado de opinión.-Así nada más, yo era su esclava pues.-¿Te parece muy mala idea? Porque a mí no. -No, para nada, lo consultaré con el doctor Caster. -¿Por qué tienes que consultarlo con él?-Se levantó de un tiro y llegó hasta mi.-Es una decisión nuestra. -Es mi médico, no sé si puedo pararlas así nada más, él me dio hasta para un año. -De igual forma quiero que las pares. Claro, él había hurgado en mis cosas, sabía que quedaban dos cajas aún. -Si yo también lo deseo.-Acaricié su rostro y lo besé levemente haciendo unos de mi magnetismo.-Sólo será una consulta, igual lo veré en unos días, Emanuel cumple años el sábado próximo y he pedido permiso en la pastelería para irme desde el jueves a Barcelona, he prometido colaborar allá.-Gruñó y frunció el ceño.-Claro ni no te molesta, papá y voy haremos unas compras, si quieres te vas tu también desde ese día. Respiraba dudosa y sus ojos iban de derecha a izquierda en los míos. -Está bien, nos veremos allá el sábado. Tonto, Emanuel cumplía en febrero, era yo la que cumplía próximamente, cuatro días de periodo doloroso y luego un viaje para jamás regresar, ya lo tenía dispuesto.            
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