Eduardo guardó silencio al escuchar aquella petición tan absurda. Es cierto que sabía que Luna era odiosa cuando estaba enojada, pero al tratarse de la señora pensó que se le ablandaría el corazón. —¿Qué quieres a cambio de ayudarme? ¡Pide lo que desees y te lo daré! ¿Quieres una de mis empresas? Ordenaré que te hagan el traspaso de nombre ahora mismo. —Oye, solo estaba bromeando. No volveré a cometer el error de arrojarte nuevamente a los brazos de esa mujer. Eduardo se relajó. Estaba desesperado, pero ahora todo tenía solución, al parecer. —¿Tu hermano está de acuerdo en que nos intercambiemos los papeles? ¿Crees que pueda aguantar un día entero a los niños? —Claro que sí, bueno, no se lo he comentado aún, pero estoy cien por ciento seguro que por el bien de nuestra madre él acep

