Todos voltearon a ver, los rumores que tanto habían estado esperando a que sucediera estaba pasando. —Aquí… nosotros queremos impedir esta boda, señor. Dijeron dos pequeños que han entrado al salón y van recorriendo con paso lento el mismo camino que hace unos minutos también recorrió su padre. —¡Oh, vaya! —¿Quiénes son ustedes?, ¡hermosos niños de Dios! —el sacerdote está consciente que si en ese momento alguien se opone, ese alguien deberá de tener evidencia que lo que dice es verdadero. —Somos los hijos abandonados por este hombre, él nunca ha querido reconocernos como tales, y ahora nuestra madre está esperando otro hijo de él, y tampoco se quiere hacer cargo. —acusó el pequeño Gael. — Juzgue usted, si es conveniente o no, que él se esté casando por la iglesia bajo juramento haci

