Yo ya me había rendido. Estaba dispuesta a soltar al hombre que por poco se convierte en mi esposo. ¿Pero saben qué? Hablamos. Sí, una noche él se sentó a mi lado y con tristeza me suplicó que volviera a ser la loca de antes, que extrañaba mi carácter de niña mimada. Decidí enfrentarlo. No mostré piedad y le dije hasta de lo que iba a morir. Me desahogué con todo lo que traía atorado desde que recibí aquel mensaje de texto. Al mostrarle la fotografía y analizarla detenidamente nos dimos cuenta de que no era real, había sido creada con alguna herramienta de, ya que, a él se le apreciaba un tatuaje que salía de la manga de la camisa, apenas. Cuando él tiene su piel intacta, no hay rastro de tinta en su cuerpo. —¿Cómo explicas el olor a bebé?—. Pregunté. Él se puso triste. Dijo que

