Luna continuó alabando a su cuñado, ni siquiera sabía lo que estaba diciendo porque apenas lo conocía. Pero aun así, decidió molestar al hombre que rechinaba los dientes escuchando inquietamente. Eduardo no soportó los celos y de un solo jalón arrinconó contra la pared a la chica y la besó ferozmente. Pas. Un fuerte golpe se escuchó, la chica le ha dado una cachetada con todas sus fuerzas al hombre. —Jamás me vuelvas a besar, idiota. Me dan asco tus besos. Dijo ella y se adelantó, dejándolo atrás. Eduardo sobó su mejilla con una sonrisa. —Sé que te gustó, mi amor, vi cuando pasaste tu lengua limpiando mi saliva. No voy a descansar hasta que aceptes volver a mí, tu lugar está aquí dentro de mi corazón. Gritó. Ella se fue a su oficina, no fue a la de Eduardo para escoger la casa c

