A la muerte no le gustan los cabos sueltos, la muerte no deja que escapen vivos, la eternidad le impide obtener más muertos, no creas que los dejará a todos exentos. Si te llega la hora guarda silencio, pero su calendario no mantendrá el silencio. Mis ojos se abrieron de golpe sobre el suelo de madera, y sentí como si el polvo que me había cubierto se alejara corriendo de mi, formando una honda extraña de magia que hizo temblar todos los estantes. Lo último que recordaba era estar rodeada de fuego; pero esas memorias como tal eran demasiado borrosas para recordar, excepto aquella conversación sobre el puentecillo de piedra del río Tibur. Mientras mi mente se aclaraba y mi alrededor tomaba forma de nuevo, poco a poco pude ver como Bianca asomaba la cabeza sobre mí, con curiosidad sobr

