Capítulo 15

2458 Palabras
Cuándo la luna se alce en lo alto, las almas tomarán su forma original, no habrá espacio en este mundo basto, para poder controlar tanto mal. Cuidado con quién te encuentres, pregunta si es a quien conoces, no vaya a ser que encuentres la muerte, porque te creíste demasiado valiente. Corrimos en la oscuridad de la noche, mientras la luna aún seguía escondida entre las nubes. Las sandalias que tenía puestas las perdí entre la hierba, y mis pies empezaron a cansarse demasiado pronto, porque aquel hombre iba cada vez más rápido. En algún punto me costó respirar, y mis rodillas empezaron a ceder, en cualquier momento podría caer sobre la tierra. Entonces, intenté llamar su atención, pidiendo que esperara un poco; sin embargo no parecía escucharme, hasta que me caí de golpe, y él tuvo que regresar rápido para atraparme y amortiguar la caída. En ese momento vi sus ojos rojos y me asusté por un momento, porque pude sentir que se trataba de un ser peligroso. —¿Quién eres? —le pregunté mientras me tomó en sus brazos, y me sorprendí al ver que sus manos empezaban a tomar color, eran bastante pálidas, y entendí que se trataba de un alma que empezaba a tomar forma. Por lo tanto, se trataba de un alma bastante fuerte que estaba regresando a su forma original, sin tener que poseer el cuerpo de alguien más. —Ya nos hemos visto antes —dijo él.  Lo observé llena de dudas, sin un rostro claro y una forma bastante fantasmagórica, no tenía cómo saber de quién se trataba realmente, era un espíritu que apenas estaba formándose un aspecto. Me sujeté a él con temor a caer, mientras empezaba a sentir un ardor en mis brazos que crecía cada vez más hasta dejarme sin fuerza. Entonces llegamos al pueblo cercano y vimos lo que pareció ser un grupo de gitanos encendiendo una fogata. Con la luz que se formaba por el fuego, vi su rostro finalmente. Era un hombre bastante joven con nariz perfilada y una mirada profunda, parecía el rostro de un ángel con cabello castaño claro. Era bastante alto y de hombros anchos, como de nadador. —No sé quién eres —le dije, aunque sentía bastante familiaridad. Él me situó de vuelta en el suelo para que pudiera ponerme en pie frente a la fogata, acercándome al calor para despojarnos del frío de la noche. —Voy a buscar un abrigo para ti —dijo, y desapareció en un segundo. No sabía si sorprenderme, como una bruja no era del todo imposible ver algo así; pero saber que se trataba de una simple alma, aunque no tan simple, cambiaba mi perspectiva. El fuego frente a mi fue creciendo y de repente sentí miedo, creí que me quemaría si estaba demasiado cerca, entonces retrocedí varios pasos. No estaba segura de que era exactamente lo que me asustaba del fuego, pero el miedo seguia allí como un recordatorio de una memoria ya olvidada. De modo que forcé a mi mente a darme una explicación y así comprender lo que me pasaba, que me llevaba a tener ese tipo de reacción. Sin embargo, el frío de la noche me alcanzó y mi mente que pareció haber estado dormida por varios minutos, aunque creía estar en claridad, volvió a encontrar sentido en el mundo de nuevo. Y de repente recordé el fuego, un fuego violento y fuera de control que me rodeaba, que buscaba devorar cada parte de mi cuerpo, mientras pedía ayuda a alguien que miraba a lo lejos. Extendí mis manos hacia el fuego como si pudiera atravesarlo para salir de allí, con la casa cayendo sobre el sótano en fuego, y el olor a carne quemada a mi alrededor... —No toques el fuego —manos envolvieron las mías desde atrás y me alejaron del fuego. No me había dado cuenta de que me había vuelto a acercar al fuego, era como si me llamara. Pero, él me abrazó con fuerza sosteniendo mis manos, como si temiera que fuera a lanzarme sobre las llamas. Así que me sostuvo por varios minutos, hasta que mi corazón recobró la calma. Entonces, me soltó por unos segundos, y me hizo dar vuelta para poder mirarme a la cara. En ese momento ví su rostros por primera vez, su piel era bastante clara y pálida cómo un fantasma, pero sus mejillas tenían algo de color, seguramente por el calor del fuego. En cuanto a sus ojos, eran de un sorprendente color azul, sentí que brillaba un poco en la oscuridad, y me recordaban a Rio. —Vas a congelarte —dijo y puso un abrigo sobre mis hombros, lo miré con curiosidad y vi que era largo, entonces recordé haber visto en un libro la vestimenta de los soldado del antiguo imperio de Inverna, y se me hizo familiar —, y si no despiertas, también podrías quemarte si sigues acercándote así a la fogata. Después de observar el abrigo de color azul oscuro, lo miré a él de nuevo. Noté que era bastante alto, aunque me hacía pensar que era un chico aún en crecimiento. Pero, por la forma en que hablaba era obvio que no era tan joven, había madurez en su mirada y su voz, también poseía una postura llena de seguridad. —¿Estás bien? No has dicho nada... puse mis manos en su rostro y lo acerqué a mi de golpe para poder verlo mejor, él quedó tan sorprendido que no pudo reaccionar a tiempo. Me reí un poco de ello internamente, pero me concentré en detallar su rostro. —Bastian, ¿eres tú? —pregunté sorprendida. Entonces, él sonrió al comprender que finalmente lo había reconocido. —¿Qué te tomó tanto tiempo? —preguntó. —No lo sé, tal vez que tú cuerpo fuera una masa negra irreconocible... ¿No crees? Él se rió de nuevo, me sorprendió escuchar por primera vez una carcajada proveniente de él, como también escuchar su voz con más claridad. —No entiendo, ¿cómo...? —Supongo que realmente estoy muerto —comentó un tanto molesto —, pero, ya te lo había dicho antes, o no lo recuerdo, hace mucho tiempo viví en este mundo... —Y las brujas te hicieron algo, por eso las odias —pensé en ello. —En la noche de los muertos, las almas que aún siguen deambulando en este mundo tienen la oportunidad de tomar forma si aún tienen la suficiente fuerza para hacerlo. Me preguntaba si el que lo hubiera invocado le había dado la fuerza para ser un alma tan fuerte, por eso puede que haya logrado recuperar su cuerpo original, aunque fuera solamente por unas horas. Sin embargo, comprendí que no había invocado a un alma cualquiera, para tener tanto poder no podía tratarse de un simple humano, de eso estaba segura. Tampoco se trataba de un hechicero, al menos no si odiaba tanto a las brujas. —Estaremos aquí por unos minutos, luego debemos subir aquella colina —señaló un lugar lejano. —¿Quién eres realmente Bastian? —pregunté llena de dudas. El chico dejó de mirarme y dio un vistazo a la colina que me había señalado, era como si estuviera observando algo más allí. Entonces, se enfocó de nuevo en el abrigo, y me ayudó a ponérselo de forma correcta y a abotonar de abajo arriba. Observé cada uno de sus movimientos con mucho cuidado, quería que me diera alguna respuesta. —Te lo diré todo cuando sea el mejor momento para ello, ahora mismo es más importante asegurarnos de que podamos sacarte de aquí —explicó sin mirarme, hasta que abotonó la parte que daba con mi cuello —, no tenemos mucho tiempo. —¿Van a venir por mi? —le pregunté. Un grupo de músicos empezó a tocar una canción alegre en ese momento, y no pude escuchar muy bien su respuesta. Las personas alrededor se acercaron a la fogata para bailar en pareja, y Bastian tomó mis dos manos. Me susurró al oído —¿Te gustaría ser alguien más por unos minutos? —preguntó en mi oído. No pude dar una respuesta porque las personas se movieron a nuestro alrededor, y Bastian hizo que nos hubiéramos al baile. Todo se dio de forma tan natural, que no me molestó bailar con él, me sabía muy bien la coreografía del baile, era bastante tradicional. Además, nos lo enseñaban desde pequeños, ya que en cada reunión siempre era un baile recurrente. —Es un baile bastante antiguo, ¿sabes?—comentó. —Pareces conocerlo muy bien, lo bailabas a menudo supongo —dije, mientras nos movíamos de acuerdo a la música. —Asistía a muchos bailes, era una persona muy importante debo decir, mis hermanos y yo disfrutábamos de cortejar, y hacer locuras juntos. Siempre había un baile al que asistir, y siempre éramos bien recibidos —relató. —Entonces, habían muchas chicas —dije, sintiendo un poco de celos al pensar en él con otra chica, nunca me había detenido a pensar en ello, siempre lo vi como mi gato guardián, y no estaba acostumbrada a relacionarlo con la forma de un ser humano, ni siquiera podía verlo como alguien con familia y muchas pretendientes. En el momento en que me permití verlo de esa forma, todo cambió completamente entre nosotros, al menos por mi parte. —Tal vez, pero nadie importante... ¿Lista para el giro? Dejé que girara mi cuerpo. — Te sabes muy bien el baile —murmuró. Un viento frío atravesó el lugar, y mi cuerpo tembló por un momento. —Son almas perdidas —dijo él, y me asusté de ello —, están rondando en busca de cuerpos para poseer. —¿Por qué no poseiste un cuerpo? —le pregunté. —No soy tan débil como para necesitar de un simple cuerpo humano —explicó. —Espera, ¿desde hace cuánto eres un alma sin cuerpo? Ahora que lo recuerdo te encontré dormido en la ventana —pensé en ello —, tengo tu cuerpo en mi bolsillo mágico… —Ese no es mi cuerpo —dijo con tristeza, y el baile terminó. —Lo siento —dije apenada. —Al menos no me invocaste en una serpiente, no quisiera vivir arrastrándome —dijo con mejor humor y me reí de ello —. ¿Sabes lo que te iba a suceder hoy? ¿Entiendes por completo lo que iba a pasar y por qué? —me preguntó, un poco más serio que antes. —Quieren matarme como parte de un ritual antiguo —dije en voz baja, y levanté la mirada hacia el cielo, encontrando un hermoso cielo estrellado —. Supongo que por esto odias las brujas, son egoístas y asesinas, solamente buscan poder a expensas de otros. —¿Crees que eres como ellas? —me preguntó, aún sostenía una de mis manos. —Yo… Soy demasiado joven, tal vez aún… —empecé a llorar —, yo no soy una mala persona, no quiero ser una mala persona, ¿crees que por ser bruja soy malvada? —le pregunté suplicante —, ¿es por eso que debo morir? —No, ¿alguien dijo que debes morir? Porque no es cierto, eres joven y tienes toda una vida por delante, además yo estoy aquí para protegerte —me abrazó de repente, y se sintió demasiado cálido —, deseaba poder hacer esto antes. —¿Abrazarme? —le pregunté. —Sí, parece que lo necesitabas —me dijo al oído, sujetándome en sus brazos, y me aferré a él con todas mis fuerzas, con miedo a que desapareciera frente a mi y me dejara allí sola sin nadie, porque al final Bastian era la única persona que me importaba y a la cual parecía importarle, era mi única compañía. —Entonces, ¿vamos a huir ahora como dijiste? ¿Estaremos juntos? ¿Nunca me dejarás sola? —le pregunté un poco desesperada. —Es correcto, destruiré todos tus enemigos, niña, y te mantendré segura —prometió, entonces lo miré a los ojos y le creí, él aprovechó ese momento para limpiar mis lágrimas. Era extraño ver tantas expresiones en él; pero me hacía sentir querida ver la preocupación en sus ojos, nunca le importé a alguien de ese modo antes. —Voy a creer en tu palabra, Bastian —le dije y él sonrió bastante orgulloso de sí mismo —, ¿qué debemos hacer ahora? —le pregunté un poco más calmada. —Vivir —dijo él. Otra ventisca de aire frío pasó, aunque fue diferente al anterior y me hizo temblar un poco más fuerte, incluso me quedé sin aire por unos minutos. Bastian me miró preocupado, y preguntó si estaba bien, no pude escucharlo; pero, leí sus labios y vi su expresión. Escuché como alguien me llamaba a lo lejos, y tuve el impulso de regresar, aunque me resistí tanto como pude. Una melodía se reprodujo en mi mente, y luego un antiguo hechizo se repitió, era momento de danzar, y me estaban pidiendo tomar mi lugar, como si tuviera una cuerda en el cuello y alguien empujara de ella cada vez más fuerte. Mis brazos se sintieron pesados, y brillaron debajo de la gruesa manga del abrigo, era apenas perceptible cerca de las manos nada más. —¿Qué pasa? —su voz logró llegar a mi, mientras me sacudía de los hombros para que lo escuchara y saliera de aquel extraño trance. —Me duele —le dijo entre jadeos y me abracé a mí misma con fuerza. —¿Dónde? —preguntó, mirando todo mi cuerpo como si fuera a encontrar el punto exacto; pero ni siquiera yo sabía de dónde provenía el dolor. —Me están llamando —dije entonces, cuando alguien seguía repitiendo mi nombre. Por alguna razón Bastian cubrió mis oídos con sus manos, y cerró sus ojos mientras yo luchaba contra aquella fuerza invisible que me empujaba a regresar. De repente, el dolor y aquella voz desapareció, y mi cuerpo cayó hacia adelante, Bastian me atrapó en un instante porque estaba justo frente a mi. —Tenemos que ir a la colina, cuando el sol aparezca estaremos seguros de nuevo —dijo él —, va a ser un largo camino, aunque no lo parezca no estamos cerca de la colina. —Tengo miedo —le dije. —No sueltes mi mano —dijo él, y cuando me sentí de nuevo con energía nos alejamos de la fogata, lejos del calor y de la luz, corrimos hacia la colina con la esperanza de poder estar seguros de nuevo.
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