Sara Como me dijo mi madre, siempre he creído en Dios y esta no sería la excepción. Tampoco lo culparía por algo que parecía inevitable. Así es, mi madre había partido y mi corazón estaba destrozado. Pero aunque sabía que me estaba quedando prácticamente sola, estoy tranquila, como ella me lo pidió. Limpio mis lágrimas y sonrío cuando veo que al final quedará al lado de su príncipe y que jamás se volverán a separar. Llegué a casa acompañada de todos, pero sé que se irán y me quedaré sola. Tía Ruth besa mi mejilla y me sonríe, aún con lágrimas en sus ojos. —Cariño, ¿quieres que me quede contigo? Esta mansión es enorme para ti sola. Yo volteo a ver todo a mi alrededor y es verdad, es tan grande, pero es mi casa y no me iré de ahí, pues sé que los buenos recuerdos aquí perdurarán. —No ti

