Sara Habíamos pasado toda la noche en casa de Néstor. No sabía si Jason llegaría; no sabía ni qué diablos iba a pasar, cuando se abre la puerta de la recámara que muy amablemente Néstor nos había prestado y veo a Eloísa con una charola en sus manos. Ella me sonríe y yo suspiro. Me siento en la cama y ella coloca la charola a un lado de la cama, toma una taza y la pone en mis manos. —Tómala, te hará bien, es un té. Yo suspiro resignada y hago lo que me dice. Ella solo me sonríe, se ve tranquila, así que supongo que ha hablado con Jason. Sin esperar más tiempo, se lo pregunto. —¿Has tenido noticias de Jason? Ella me sonríe y asiente, se coloca a un lado de la cama y toma mis manos entre las suyas. —Sara, no puedes pensar mal de Alejandro. Sabes que él te ama y te lo ha demostrado. Tie

