CAPÍTULO TREINTA Y TRES Estefanía andaba por un camino subterráneo, en las profundidades de la montaña de Daskalos, sintiendo cómo el ímpetu la acercaba. Había cristales colocados en las paredes, que brillaban con una extraña luz interior. Corriendo por ellos había destellos de ilusión, que mostraban escenas de una vida que ella no reconocía. Notaba que su hijo se acercaba más a cada paso. Giró en una esquina y fue a parar a una sala abierta que conocía sobradamente. Tenía muebles de lujo y parafernalia mágica repartida por todas partes en una ola caótica de cristal con formas extrañas y metal retorcido. Ella había estado aquí antes, preguntando por un modo de matar a un Antiguo. Había una silla en medio de la sala, evidentemente colocada donde su ocupante pudiera tener una visión gene

