—No puedo creer que esa perra tuviera a mi sobrina sin esperarme. ¡Esto es un ataque frontal que no pienso perdonar tan fácil! ¡¿Cómo no pensó en cerrar las piernas un ratito?! Yo debería estar ahí, junto a ella, al igual que lo hice con Karla. Ninguno de estos hombretones tiene mi capacidad de padre. —Te estoy escuchando, por si no te das cuenta. —Aledis observó a Elián desde su posición en la cama. Se encontraba exhausta y dolorida, lo que menos le apetecía era soportar los gritos de esa loca marica. Su amigo frunció el ceño y esbozó una mueca asqueada. —Elián, mi esposa estuvo sufriendo durante doce horas para traer a nuestra hija al mundo, fue un parto difícil y no podíamos esperar a que tú terminases tus juegos en la sacristía. Aledis observó a su esposo e hizo el intento de sonr

