El ritual llegó a su fin y, con el fracaso, el dolor de saber que había perdido, regresó. Cristian le ofreció mantener a Remedios cautiva para que no pudiese ir a su propia boda, pero eso solo serviría para retrasar lo que creía inevitable. En silencio y con la tristeza como compañera, los dos amigos regresaron al hogar de la pelirroja, que se despidió de ellos entre gritos y amenazas. En la acera, sentados frente a la puerta del edificio, esperaban Elián y Lorena. Al verlos aparecer supieron que el plan fracasó. —Ale… —Elián se levantó y caminó hacia ella. —No digas nada, solo suban al auto. —Lo sentimos, de verdad creíamos que funcionaría. —Lorena bajó el rostro y a su semblante se asomó la tristeza. —Perdóname por no haberte golpeado hasta la muerte —era la quinta vez que Cr

