Capítulo 28: Ahogar las penas

1203 Palabras

Aledis salió del auto cojeando y entró al edificio. Nunca conducir le resultó tan doloroso, se había acostumbrado a hacerlo con tacones altos; pero con una herida abierta y sangrando era diferente. Caminó dejando una de las huellas rojizas en el piso. Deseaba con todas sus fuerzas llegar a su hogar y terminar de derrumbarse. ¿Cuándo su vida se volvió tan complicada? Añoraba los tiempos en que solo se preocupada por levantar el negocio, cirugías y ropa. Sacó las llaves del bolso y abrió la puerta. Todo era oscuridad y silencio. «No hay vida en este lugar, ¿de qué sirve el dinero?». Observó la nota de su empleada que, como siempre, explicaba lo que ya sabía. «No tengo ganas de cenar». Asió un paño limpio de la cocina, abrió el refrigerador y sacó una botella sin estrenar de vino rosado. Lan

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