Llevo tres días evitando a Alexander y a unos cuantos incluyendo a Rufus por que no he bajado a entrenar y prefiero pasar el tiempo pensando en lo que me dijo Alexander se mi reina no dejo de pensar en eso. Este día llevo un vestido gris pastel con detalles morados, y guantes de encaje, camino por todo el castillo y llego a una terraza preciosa nunca antes había estado aquí camino al barandal de cristal que esta tallado a mano, me recargo en el barandal de cristal y contemplo el atardecer, otra vez me pierdo en mis pensamientos y no noto que alguien se coloca a mi lado y contempla conmigo el atardecer.
-Hermoso- la voz de Sander me saca de mi trance-¿No crees?
-Si…Hermoso-lo miro de rojo lleva un traje que podría decirse que hace juego con mi vestido, excepto que en vez de morado es azul, en su cinturón bien sujeta hay una espada, la empuñadura es de plata y la hoja parece de acero- ¿preguntaste que llevaba puesto hoy o me viste y te lo pusiste?-su sonrisa es preciosa.
-No, solo que es una coincidencia-dice mientras contempla mi vestido, los dos al mismo tiempo nos ponemos de frente sostiene mis manos y con el mayor cuidado del mundo me quita los guantes y los pone en el barandal, me mira directamente a los ojos, noto que el azul glacial de sus ojos es más fuerte alrededor de sus pupilas, emboza una sonrisa- siempre me pregunte qué pasaría sí…-suelta mis manos y mejor se intenta ir pero lo detengo con una mano.
-Sander…Termina lo que ibas a decir- no quiero que se vaya.
-Es una locura pero si quieres saber a qué me refiero tendría que darte algo y no puedo hacerlo.
-¿Por qué no?
-Cierra los ojos entonces-hago lo que me pide y sus labios se imprimen en los míos, su beso es simple pero relajado, envuelvo su cuello en mis brazos y dejo que me tome el control de la situación se aparta un poco me acaricia el pelo- lamento no poderte dar más.
-Pudimos haber sido felices.- mis palabras son como cuchillos, veo el dolor en sus ojos retiro mis brazos de su cuello y me suelto de su agarre, me encamino a la puerta, estoy a punto de cruzarla cuando habla.
-¿Quieres saber porque cancele nuestro compromiso?-su pregunta hace que volteé a verlo- lo cancele porque…-su voz tiembla un momento pero recobra su voz- porque Alexander cree que serás una estupenda reina. Yo creo lo mismo, pero yo no voy a ser rey y el sí.
-Pero yo no quiero una corona- me acerco al de nuevo, el viento me mueve le pelo y un mechón se pone en mi cara, él me lo retira sus manos son suaves en mi piel, en sus ojos veo dulzura y dolor-Si me hubieran dado a elegir entre una corona o tú… te hubiera escogido a ti- esta vez no espero e imprimo mis labios en los suyos, este beso es más apasionado, sujeta mi cintura con sus brazos acercándome a él y yo rodeo mis brazos nuevamente en su cuello. El beso es largo pero seguro en una cosa él siente cosas por mí, pero no sé qué tanto, una voz nos interrumpe y antes de que pueda evitarlo él se retira y sale de mi alcance.
-Eliza- la voz de mi hermano es tranquila, demasiado tranquila- ¿Puedo hablar contigo?
-Sí, claro- contesto, observo a Sander junto al barandal, mirando donde estaba el sol hace unos minutos.
-¿Interrumpí algo?
-No- contestamos al mismo tiempo. Sander se acerca a mí en tres zancadas hay algo en su mano, no preciso que es hasta que lo pone en mi mano. Mis guantes. Me da un tierno beso en la mejilla, no sé porque me pongo roja ante este acto.
-Nos vemos después Eliza- bajo la vista al suelo para evitar que vean que me sonrojo y añade en mi oído- ojala tú y Alexander sean unos excelentes reyes- estas palabras duelen en lo profundo de mi alma.
-Adiós Sander- pronuncia Gabriel, Sander asiente con la cabeza y se retira dejándonos en el balcón.
Mi hermano me cuenta que quiere casarse con Miranda, no puedo ponerme feliz, tanto por ella como por Gabriel, le doy ánimos a mi hermano de que no le va a decir que no. Conozco a Miranda y sé que esta perdidamente enamorada de Gabriel. Me pregunta que dirá el abuelo sobre esto. Mi respuesta es que lo mande al diablo, que es su felicidad no la de él. De regreso en mi habitación con los guantes hechos bola en mis manos, los desdoblo para darme cuenta de que falta uno. Esto es raro me pongo a pensar si se me cayeron en un lugar de regreso a aquí, pero sé que nunca se me cayeron decido regresarme por donde me vine para buscar el guante prófugo y antes de que el abuelo se entere de que perdí uno ya que son un regalo de cumpleaños de su parte. Pero no tengo buena suerte y no encuentro mi guante por ningún lado y me regreso a mi cuarto triste por no encontrar el maldito guante. Para mi sorpresa hay un paquete color gris pastel en mi cama con un pequeño listón de seda azul esto me hace saber quién me lo mando o lo coloco en mi cama. Sander. Al abrirlo descubro que es un par de guantes negros de encaje, me los pruebo, me quedan perfectos, hay una nota al final de la caja, no puedo evitar sonrojarme.
Eliza
Lamento lo de tu guante, pero no es posible que te lo devuelva, mejor te obsequio estos, quedaran preciosos en tus manos.
SANDER SWAN
En los días siguientes, Gabriel pide la mano de Miranda en matrimonio, el abuelo se enojó sin duda pero entendió que podría ser bueno para tener de aliado al gobernador. Sander tomo el puesto de gobernador porque su padre se retiró antes. Julieth y Sander se comprometieron en matrimonio, y fijan su boda en dos meses más. Claro que no puedo evitar ponerme triste por esta noticia. Invitan a todo los nobles posibles, Christopher y yo nos volvemos mejores amigos y cómplices de entrenamiento, pasmos casi todas las mañanas juntos, Atina se vuelve casi mi hermana, cabalgamos juntas, y vamos de compras juntas, pero es incómodo cuando los empleados vacían la tienda para que la princesa y yo compremos, ropa, un helado, o algo que queramos, claro que solo pasa cuando ella me acompaña.
Alexander y yo nos reunimos todas las noches a la misma hora, en el mismo lugar, pasamos gran parte de la noche ahí, después de un largo día nos hace bien la compañía del otro. Sigue en pie la propuesta extraña de Alexander, pero no hemos hablado del tema, solo me dice que su padre le comenta que ya en poco tiempo el subirá al trono y que no puede llegar al trono sin una reina a su lado. Alexander también comenta que su padre lo quiere comprometer con una princesa que tiene mi edad, pero que él me esperara. A veces quisiera que no hubiera un trono o una corona que proteger, pero puedo decir eso en voz alta.
El abuelo, dice que el rey está tratando de comprometer al príncipe Alexander con la princesa Amaneth hija del rey Richarth y la reina Elena, reyes de Raider, pero que este se niega por alguna razón. Qué pasaría si el abuelo se enterara de que yo soy esa razón por la que Alexander se niega a casarse con esa princesa. Es hora de mi encuentro con Alexander pero estoy algo triste y él lo nota, no dice nada, pero después de que me pierdo un momento en mis pensamientos, pregunta por fin.
-¿Qué te pasa?-pregunta mientras pone su mano sobre la mía salgo de mi trance y pregunto algo de lo que seguro me arrepentiré después.
-¿Por qué no te niegas a casarte con la princesa Amaneth?- la pregunta duele más de lo que esperaba pero no voy a negar que me doliera saber que Alexander ya no me dará tiempo.
-¡Ah! , eso es lo que tienes- reflexiona un momento que me come viva-Porque te sigo dando tiempo y cuando tu medes una respuesta o una de dos, me caso contigo o con la Princesa Amaneth.
-No sé Alexander que tal si me caso con alguien más -digo alterada, pero a él no le afecta se muestra tranquilo- no estoy segura de querer gobernar un país.
-¿Qué sientes por mí entonces?- esta pregunta siento que me da un golpe en la cara nunca antes me había preguntado realmente que siento por él- dime y te pido de manera formal… que te conviertas en mi esposa- exige saber, exige una respuesta, no puedo evitar que me mire directamente a los ojos, en ellos veo desesperación y nostalgia-¿Eliza?-su voz es suave, llena de amor.
-Alex… te amo- sueltan mis labios y mi corazón parece que se niega a decirlo.
-¿Me amas?- esa extrañeza en sus palabras me resulta rara- entonces se mi esposa...- vacila unos segundos- se la madre de mis hijos, mi compañera, no te fijes en ser la reina y no te fijes en la corona.
-No sé, mañana hablamos de esto- me levanto de la banca y monto a Trix, él me sigue de cerca, monta su caballo que recibe el nombre de Kil.
El camino se torna largo, pero él va a mi lado, en silencio dejamos los caballos en los establos, toma mi mano y me da un ligero apretón que se lo que significa” no te te voy a dejar“. Se nos hace extraño ver una luz encendida, por la puerta que solemos usar para entrar y salir, me dice algo al oído que no entiendo, pero me pone alerta en mi mano libre una bola de fuego cobra vida, entramos y vemos al rey, la reina y al abuelo, el rey está de pie junto a su reina, que permanece sentada en una silla aterciopelada y al abuelo sentado en lo que parece la pareja de la silla de la reina.
-Con que estas son tus escapadas nocturnas Alexander-dice la reina con una voz de complicidad.
-¿Por esto estas posponiendo, la búsqueda de una futura reina?- gruñe el rey enfadado-por esta joven.
-Si…-Alexander aprieta mi mano, mientras piensa como decirle a su padre que me ama como yo a él- me quiero casar con ella.
-Mi nieta, no puede ser reina príncipe Alexander-mira fijamente nuestras manos aun agarradas- va a hacer una de las damas de la corte.
-Gabriel puede tomar su lugar –responde de inmediato Alexander.
-No…-el rey lo interrumpe- tu reina va hacer la princesa Amaneth y punto. Ya está todo arreglado para tu boda que será en poco tiempo, mañana se dará el aviso a todo el mundo en todos los reinos que el reino de Nórdico y el reino Raider se unirán con un matrimonio.
-¡Me comprometiste con la princesa Amaneth!- suelta mi mano y golpea la pared más cercana con su puño del cual una ráfaga de aire apaga las velas la reina las vuelve a encender su don es el tiempo y lo puede manejar en lo que ella quiera y si quiere ver las velas encendidas solo retrocede el tiempo en ellas y se vuelven a encender para no dejarnos en la obscuridad.
-Te casaras y punto, la joven Metacus será una de sus damas de honor, y se casara con tu primo Luca, antes de tu boda con la princesa para que no cometas una locura.- me observá de arriba a abajo y por fin me dice-Usted se casara con mi sobrino Luca hermano de Sander.
-Yo organizaré su boda, y usted me ayudara a planear la boda de Alexander- dice la reina después de escuchar a su hijo y su esposo discutir- invitaremos a muchas personas a la boda de Alexander. A la suya a los nobles y a su familia, ya que es un evento donde los podemos esconder bien.
-Mi familia…-me sorprendo por el conocimiento de la reina- ¿cómo sabe de ellos?
-Yo le dije que tu familia es…- dice el abuelo mientras piensa sus siguientes palabras.
-Le dijiste la verdad-respondo alzando la ceja.
-Mejor vayámonos a dormir- dice el rey mientras palmea el brazo de Alexander-ya es tarde y mañana viene Luca a conocer a su prometida.
La noche parece eterna, no duermo, solo ciento como mis lágrimas caen por mi mejilla y pienso en que voy a perder al ser que amo porque mi futuro ya está planeado, pero me alegra saber que mi papá me va a entregar en el altar. Que voy a ver a mi madre una vez más… antes de lo que creí, llevo dos meses en palacio ya que el abuelo consiguió que Gabriel y yo nos quedáramos en el palacio para que la gente conociera más nuestros dones, Gabriel se convirtió en un ser temible por su don, experto en controlar a una persona sin que se note, y hacer que la sangre bloque tu don, sin importar cuál sea; sé que ha hecho esto con el abuelo un par de veces, pero también sé que jamás me haría eso a mí, además su personalidad es la misma de siempre alegre.
Como todos los días el desayuno ya está en el buró que esta junto a mi cama, pero no es el desayuno de siempre, un sándwich de jamón con verdura, un jugo de naranja y un pequeño tazón de yogurt con fruta, es mi desayuno del día de hoy, una nota doblada junto a la servilleta, la dejo hasta el final, la sostengo en mis manos un momento y empiezo a desdoblarla poco a poco.
Buen día, Eliza
Terminas tu desayuno y bajas al gimnasio, para que conozcas a Luca, por favor lleva el traje n***o que usaste el primer día que llegaste.
R. Rosset