EDWARD Mi pulso se incrementaba cada segundo que pasaba. Sabía que lo que estaba haciendo era una locura, pero también sabía que si no lo hacía probablemente después me lamentaría por ello. — Lo que hago por ti, William —suspiré y me encaminé hacia Zack, que estaba hablando felizmente con unos amigos suyos. El moreno al verme sonrió y me abrazó rápidamente, para después hablar. — ¿Qué hay, hombre? — Tenemos que hablar. — Otro momento —murmuró y se volvió a voltear para hablar con los hombres, pero mi mano se movió hasta su brazo y lo hice encararme a la fuerza—. ¿Qué diablos? — Ahora. — Edward estoy ocupado. — Maldita sea —gruñí y lo tomé del cuello de su camisa, acercándolo a mi— te dije que ya o me e

