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2022 Palabras
Levantarme de la cama me costaba más que cualquier cosa. Estaba mirando el techo, con millones de prendas tiradas en el piso. Había hecho una búsqueda concienzuda de ropa que no usaría, la donaría a los más necesitados y me encargaría de ir al local. Trabajar no era de mi agrado, nunca lo había hecho, no había un reloj que me indicara que haría hoy, mañana o en su defecto, en unas horas. Me levanté para recoger la ropa del piso y me acerqué al ordenador, algunos mensajes de f*******: entraron a mi bandeja. No los revisaría ahora, me daba pereza sentarme y contestar cada uno de ellos. Originalmente solía estar más en i********:, me gustaba como se veía estéticamente, las cosas que podía hacer y subir vídeos míos haciendo cualquier tontería, incluso mis momentos de ceguera los subía allí. Opté por usar un pantalón n***o alto, con una camisa del mismo color, el delantal que Thomas me daría se podía combinar fácilmente con este traje. —Stella—sonrió María—He preparado huevos con frituras, más tarde vendré a preparar el almuerzo. Si necesitas algo me llamas. —Gracias—asentí lavando mis manos—Espero no quemar la casa. —Confió en qué no lo harás—rió. María era mi empleada, venía en la mañana a preparar mi desayuno y luego se iba para atender a su hijo, su edad estaba entre los treinta, no recordaba con exactitud cuando fue la primera vez que la vi, pero se que desde siempre tuvo buena mano para la cocina. En las tardes, cuando prepara el almuerzo, me deja lista la cena, de esa forma no tiene que venir. A veces sentía que dependía mucho de las personas, una gran mayoría de las acciones hogareñas no las realizaba yo, tenía empleados para limpiar, cocinar y fumigar. Los vecinos decían que era la rica del vecindario, muchos suelen rumorear que estaré en la ruina después, no obstante, es poco probable, la cantidad de dinero que mis padres manejan es gigante y eso me permite vivir bien. Tomé mi cartera para salir al trabajo y me puse mis lentes de sol, siempre me ha gustado. Algunos anuncios se la pasan por las calles. Aquí en Milán, aman a Mr. Aron Blake, parece que incluso desean ser su ex esposa, no me quejó, ni tampoco las discrimino, el empresario es atractivo, tiene mucho dinero, parece gentil en las entrevistas y a veces habla de lo mucho que le costó adaptarse a la vida sin ella. Todos conocen su historia, un joven sin dinero que perdió a su madre, conoció a una fotógrafa y se enamoraron ¿Que sucedió después? Nadie lo sabe, algunos dicen que el sufría de ira, otros piensan que el la golpeaba y los más simples pensaban que Aron engañó a Eleanor. Fue una pena cuando se divorciaron, sin embargo, ya después de unos años, la chica se casó con un pintor, Aron siguió con su empresa y poco después se hizo novio de una modelo hermosa. Recuerdo una entrevista que dió dónde anuncio lo siguiente: "Amo a Elena, estuvo ahí en el momento correcto, sin embargo, Eleanor formará siempre parte de mi corazón". Los fans se volvieron locos, fue tendencia en Twitter durante un tiempo, fue lindo, admirable y dió mucho de que hablar. Llegué al local y abrí la puerta, algunas personas ya estaban sentadas en las mesas, sonaba música clásica y Alfred me sonrió cuando entré. —El Sr. Maverick está en la cocina, el delantal n***o está allí—señaló a un lado. Caminé por el lado interno del mostrador y agarré el delantal, era blanco, con un pequeño bolsillo n***o—Ahora deberías irte adentro. Asentí. La cocina no era mi lugar favorito, hubiera preferido quedarme en la caja y no aportar nada a la cocina, pero fue imposible, ese lindo lugar ya lo ocupaba Alfred, su cabello rizado tenía gelatina, llevaba siempre una ropa negra como la mía y le sonreía a cada cliente que llegaba. «Yo debía estar ahí». Caminé para entrar a la cocina y tropecé con una pequeña roca que sostenía la puerta, mis rodillas cayeron contra el piso, mis manos se rasparon y mi pequeño delantal tuvo un agujero. Odiaba cuando sucedía esto, todos estaban viéndome, tenía vergüenza de mi misma. Algún día mi torpeza podría llevarme a la ruina. —Estoy bien—Le dije a Alfred cuando se acercó para ayudarme. Pasé mis manos por mis piernas y acomodé mi cabello. —Lamento el escándalo—mencioné entrando a la cocina. —No te preocupes, espero que no vuelva a suceder. —No puedo prometer eso, la mayor parte del día me la paso en el suelo. Recuerdo que una vez estaba en una piscina y me resbalé, todo el helado que tenía quedó en mi cabeza—señalé con una sonrisa. Thomas sonrió de lado y alzó su rostro—Eres muy torpe Sra. Stone. —Más de lo que deseo. ¿Que debo hacer? —Agarra la harina, aceite, mantequilla derretida y los demás ingredientes para hacer donas. Las porciones de hoy se están acabando. —No sé cuáles son los demás ingredientes—forcé una sonrisa sincera. —Levadura, leche, azúcar y por último agarra el huevo que está en las estanterías. —Listo, puedo ir lavando los trastes. Así limpiamos el área. —Vale. Pasar toda la mañana en la cocina me gustó más de lo que creí, hicimos donas, pasteles y algunos dulces que encontramos en Internet. Ver cómo Thomas se desenvolvía en la cocina me enseñó dos cosas importantes, la primera es que con pasión todo sale bien, la segunda es que todo se estudia, desde hacer cursos cocina, hasta aprenderse cada receta de memoria. Durante el tiempo que estuvimos preparando donas, me contó un poco de lo que ha hecho en su vida. Thomas Maverick, ha hecho más de veinte cursos de cocina, se ha leído libros para saber manejar cada instrumento con mayor destreza, me impresiona lo mucho que ha trabajado por lo que tiene, nunca ha dejado de estudiar, suele practicar a diario y se centra en postres que le parezcan lindos y estéticos. Cuando finalizó la jornada, lo ayudé a limpiar, sentí que el tenía todo un futuro por delante, en cambio, yo solo era la chica que había vivido de sus padres, que estudió, nunca trabajo y puede pagarse todo sin mover un dedo. Mis expresiones faciales son mi peor enemigo, siempre me delatan cuando algo me ha hecho sentir mal, cuando me estoy comiendo la cabeza y necesito expulsarlo. —¿Sucede algo? —Solo me siento un poco mal—respondí sincera. —Lamento si dije algo que te incómodo—Thomas se sentó en el mesón de la cocina, tomó mis manos y las puso en su corazón—Esta latiendo, significa que sigo vivo. —Yo también sigo viva—reí nerviosa—Todos seguimos vivos aquí Thomas ¿No vez? Estoy soltando babosadas. —Lo haces—soltó una carcajada—Me refiero Stella, a qué parece que vives con una tormenta en la cabeza. Sigues viva—soltó mis manos—Disfrútalo. —¿Dónde está mi italiano favorito? —Aquí estoy—contestó—¿Ya cerraste? Asintió—Me sorprende la cantidad de gente que vino hoy, algunos dijeron que la chica nueva era linda. Ambos me miraron. —¿Yo?—solté una risita—Nada que ver. —Eres atractiva Stel, podríamos ponerte de mesera, yo sigo en la cocina y así quizás venga más gente. —Una estrategia de marketing—apuntó Alfred. —¿Tendría que usar algún traje? —Solo un vestido de mesera—Dijo Thomas —Como si fuera un café temático. —Claro—susurré—Yo mandaré a hacer el vestido, buscaré un diseñador que me guste y me encargaré de la decoración. —¿Estás segura? Podemos darte dinero de la tienda. Luego lo recuperamos. Negué—Yo puedo resolverlo, tengo ahorros. —Es caro Stel—comentó Thomas—No quiero que gastes todo tu dinero. —Puedo hacerlo—aseguré—Haré que todo salga bien. —Yo me iré a casa, debo atender a mi hermano menor. Nos vemos—besó mi mejilla, abrazo a mi Jefe y salió del local con una sonrisa. Alfred era lindo, su cabello rizado, sus brazos fornidos y esa cara angelical que tenía podía conquistar a cualquier persona. Tomé mi bolso y agarré las llaves de casa, mi jefe no dijo nada, solo me miró y salí por la puerta. El primer día de trabajo fue bueno, la pasé bien con Thomas, disfruté estar en el local y me divertía con los chistes sin sentido de ellos. En la tarde cuando me tocó reunirme con mis amigos, me llevé todo lo que necesitaría, mis medidas, los contactos anotados en un papel y una larga lista de pendientes. Walter ha estado flechado por mi desde hace un tiempo, lo sé por la forma en la que me mira, en ocasiones lo he agarrado observando mis ojos, las facciones de mi cara y esos pequeños detalles que nunca me han interesado. Abrí la puerta de la casa de Alexander y todos estaban sentados en el suelo, los Doritos que habían ya se estaban extinguidos. —¡Stella llegaste!—sonrió Clara—¿Cómo te fue en tu primer día? —Fue perfecto, aunque me siento cansada —Eres como Sakura no haces nada y aún así te cansas. —¿Que?—puse una mueca —Nada Stel, que eres idiota. —Alexander creo que el idiota es otro—sonrió Walter fumando. —Fue suficiente—masculló Clara—Stel, debes contarme todo lo que sucedió. —No fue nada—reí—Solo lo ayudé a cocinar. —Mañana podemos ir a una piscina—comentó Walter —Debo trabajar —¿Le tienes miedo a tu jefe?—su rostro estaba tan cerca de mí que sentí un escalofrío. Sabía cómo era él, siempre había sidó considerado el Bad boy del grupo, las chicas morían por Walter y el moría por mi. —Deberías dejar de molestar a Stella, algún día va a golpear tu lindo rostro. —Me halaga que pienses que mi rostro es lindo—respondió con una sonrisa burlona, se alejó de mí y tiró el cigarro. —Puedes venir después del trabajo, eso va a servir—anunció Clara. Asentí aún nerviosa. Mi mente no asimilaba a Walter, me parecía un chico atractivo, sus tatuajes llamaban mi atención, quería ser alguien para él, pero mi interés romántico se iba a otro lado. Thomas era el estereotipo de chico que me atraía, divertido, lindo, amable y cariñoso. Me tiré en el mueble de la sala y observé el techo ¿Por qué estaba pensando en mi Jefe como algo más? No deseaba eso, no ahora que estaba bien conmigo misma. Hace un tiempo pasé por una etapa en la que no quería saber nada de mí, de mi mente, de mis problemas y menos de la relación tóxica que sufrí. Planifique en mi mente lo que haría mañana, ir a trabajar, ponerme el vestido, salir con los chicos y ayudar a Thomas con lo necesario. Quería que el local surgiera, pensé que quizás un evento ayudaría. Podríamos organizar una fiesta, dar algunos pasteles gratis, poner música a todo volumen y ofrecerles la mejor atención a los clientes. Ser un chef reconocido es lo que Thomas quiere, si le ayudo se que podría conseguirlo, estaba lista para encargarme de esta aventura. Quizás, todo salga como lo planeó. Es increíble ¿No? Como un día no sabes que hacer con todo el dinero y al siguiente solo deseas que alguien más cumpla sus sueños, no por interés romántico, sino porque sabes cuánto se a esforzado y lo mucho que se lo merece. Incluso más que yo, incluso más que esas personas que ganan fama a través de malas acciones. Hoy estaba dispuesta a donar parte de mi.
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