Me despierto muy temprano por la mañana. Miro hacia el otro lado de la cama esperando encontrar a Lud, pero está vacío. Me estiro con flojera, suelto un bostezo y me ubico de medio lado. Extiendo mi brazo y tiro de su almohada para acercarla a mi nariz y percibir su olor en ella. Huele a hombre sexi y masculino. Mío, solo mío. La envuelvo entre mis brazos y me aferro a ella, mientras recuerdo lo que sucedió anoche entre nosotros. Mis mejillas se tiñen con rubor y mi vientre cosquillea con la misma intensidad con la que lo hace mi estómago. Cierro los ojos para rememorar sus besos, sus caricias, la ternura y la ferocidad con la que me hizo el amor. Abrazada a la almohada, dirijo la mirada hacia el reloj que está sobre la mesa auxiliar. Son cerca de las ocho de la mañana. Tengo curiosidad po

