Mantengo la mirada fija sobre el dispositivo que, Massimo, lleva en su mano. En él podemos ver la ubicación en la que ella se encuentra. Estoy impaciente, necesitamos llegar a Rachel, antes de que se encuentre con ese maldito. Gracias a la tecnología que posee en su guarida secreta, el especialista pudo acceder al teléfono de Anika y clonarlo. Pudimos leer todos los mensajes que, mi esposa y ese maldito, se escribieron desde el instante en que hicieron contacto y cada uno de los que han intercambiado hasta este momento. Así descubrimos la hora y la dirección del lugar en el que se iban a encontrar. ―Estamos cerca ―nos alerta a mí y a Robert―. No podemos dejarnos ver hasta que Rachel se encuentre fuera de peligro. Ambos asentimos en respuesta. Acaricio la pistola que llevo guardada en la

