Vivir con Thangyu se había vuelto sorprendentemente fácil. A pesar de sus travesuras infantiles, sus constantes bromas y la forma en que se metía en el espacio personal de Myunggi sin pensarlo dos veces, su dinámica se había vuelto cómoda. Las mañanas empezaban con Thangyu poniendo música a todo volumen en la cocina mientras preparaba el desayuno, fingiendo ser un chef de primera clase. Las tardes las pasaba con Myunggi trabajando en su portátil mientras Thangyu practicaba música, a veces arrastrándola a su proceso creativo solo para molestarla. Las noches terminaban con ellos viendo dramas, Thangyu medio dormido y usando a Myunggi como almohada. Había pasado un mes desde que llegó la carta de su acosador, y Myunggi empezaba a creer que tal vez, solo tal vez, lo peor ya había pasado. Ya n

