Thangyu tarareó, como si lo considerara, pero en lugar de entregárselo, dejó caer el brazo perezosamente, aún con el teléfono en su mano. Sus dedos rozaron los de Myunggi al ceder finalmente, su toque se prolongó solo un segundo más de lo debido. —No necesitas salir a beber —dijo Thangyu con naturalidad, demasiado natural para el gusto de ella—. Aquí tenemos mucho alcohol. Myunggi se burló, arrebatándole el teléfono. —¿Y crees que emborracharme a solas contigo es mejor idea? Thangyu sonrió, inclinándose un poco. —Bueno, sí. Te cuidaría muy bien. A mi lado no tendrás de que preocuparte. Una oleada de calor le subió por la nuca a Myunggi, y al instante se dio la vuelta, apagando la pantalla de su teléfono mientras fingía no ver nada. —Eres un fastidio. Thangyu solo rió, despatarrándose

