Capítulo 30

810 Palabras

Steve miró hacia las calles desde la ventana de su departamento y vio a una mujer caminando bajo el sol abrasador. Era alta y estaba bien vestida, con un traje azul claro. Algo en su pelo y ropa le hizo pensar en su madre. Recordó ese día cuando ella había llegado a casa y lo había encontrado coloreando. A Steve le encantaba colorear, siempre manteniéndose dentro de los bordes y usando colores que reflejaran la realidad. Su madre estaba irritable, murmurando para sí misma. Al verla servirse una copa de vino, decidió darle la hoja que estaba coloreando. —Oye, mami. Aquí tienes, hice esto para ti —anunció Steve con una sonrisa. Ella lo miró y no dijo una palabra. Lo colocó en la heladera sin una pizca de felicidad. El estómago de él rugió con fuerza. Por lo general, no había nada en la hela

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