De rodillas, y en el mismo callejón de siempre, Jared sentía como su cliente de turno, sacó rápidamente el pene de su boca, para eyacularle directo en la cara. El muchacho cerró sus ojos con fuerza, escuchando los gemidos agitados del hombre, mientras las últimas gotas de semen se esparcían en su rostro y, al culminar, él se levantó de su posición, limpiándose la cara con el reverso de su mano, al mismo tiempo, que el cliente se guardaba su pene una vez más en su ropa interior. —Estuvo excelente ¿Estarás aquí mañana?—Agradece y pregunta el hombre, mientras Jared saca del bolsillo de su pantalón, un pequeño pañuelo que utilizaba para ese tipo de casos. —Si... —Responde Jared, sin dejar de limpiarse la cara. —Perfecto, entonces pasaré mañana. Adiós—Se despide el cliente, regalán

