Por un instante, solo por un pequeño instante, Jared pensó que ese chico llamado Seth, sentía algo de empatía por él. Por un momento, creyó que ese joven era amable porque sentía algo de agrado hacia su persona, no obstante, era indudable comprender que estaba muy, pero muy equivocado. A primeras cuentas, nadie podía ser amable con una persona como él, a menos que quisiera algo a cambio, como sucedía en algunos casos bastante aislados, cuando alguien le trataba con amabilidad. Sin embargo, en este caso en específico, Seth no pidió nada a cambio, por el contrario, le ayudó cuando perdió el conocimiento, y le dio de comer desinteresadamente. Por un segundo, le agradó despertar en ese sofá, cubierto con una cobija, y luego recibir un desayuno… fue lindo mientras duró, pensaba Jared sabiendo que Seth además de ser extraño, le resultaba bastante incomprensible, porque tenía arranques de amabilidad, pero al mismo tiempo era un cabrón.
—Mejor me alejo de él—Piensa Jared, sin dejar de correr rumbo a su casa, sintiendo el intenso frio que cernía sobre él esa mañana.
1 hora más tarde
Titiritando del frio, Jared finalmente llega a casa, y al entrar observa a sus hermanos en la sala, parecían molestos y preocupados. Los tres hombres cuando le vieron entrar, se levantaron al mismo tiempo, mientras que Arthur, el hermano del medio, tenía el palo con el que siempre le golpeaban, al parecer listo para utilizarlo en su llegada. Jared cuando vio las intensiones de aquel hombre, sintió que el frio que tenia quedó en segundo plano, porque el miedo que lo envolvió, terminó enseñoreándose de todo su cuerpo.
—¡¿Dónde demonios estuviste metido?! —Grita Aris, empuñando su mano sobre el cabello de Jared, para arrástralo al interior de la casa.
—¿Pretendías huir y te arrepentiste, cierto pequeña basura? ¿Qué hiciste con nuestro dinero? ¡RESPONDE MALDITA SEA!—Grita Arthur, pretendiendo darle un palazo a Jared, pero Aris se lo impide.
—Espera, espera, cálmate, Arthur. Deja que el imbécil hable y nos explique el por qué no apareció ayer—Ordena Aris apaciblemente, sin soltarle el cabello a Jared en ningún momento, mientras Austin, el menor de los tres, se mantiene al margen de la situación.
—¡No pretendía escaparme! —Responde Jared con alteración, metiéndose temblorosamente una de sus manos dentro del bolsillo, para buscar el dinero que, Aris prácticamente le arrebata de las manos, al momento que lo deja libre.
Jared retrocede un poco, viendo como su hermano mayor contaba el dinero con mucha concentración, entre tanto Arthur le miraba con un odio que Jared nunca terminaba de comprender, y Austin, prefirió sentarse de nuevo en el sofá. Cuando Aris terminó de contar el dinero dos veces, percatándose que todo estaba completo, regreso nuevamente hacia Jared, solamente para darle un fuerte bofetón en una de sus mejillas. El chico se tambaleó un poco, sintiendo esa parte afectada de su rostro, como si estuviese en llamas por lo mucho que le ardía, luego de semejante golpe.
—Ayer…—Susurra Jared con la vista baja—Perdí el conocimiento luego de salir de donde el jefe, y un chico me ayudó…—Confiesa, porque sabe que jamás debe mentirle a Aris—Me quedé dormido en su casa… y apenas desperté esta mañana, cuando supe que estaba en otro lugar, salí de ahí lo más rápido que pude. Eso fue lo que paso—Concluye Jared, sintiendo como en esta ocasión Arthur, le sujetó del cabello con mucha violencia, para levantarle el rostro y así darle otra fuerte bofetada, esta vez con el reverso de su mano, logrando que su boca sangrara un poco.
Luego de recibir la otra bofetada, en esa ocasión Jared se lleva una de sus manos a la zona afectada, notando como Arthur fue a la carga una vez más, para jalonearle el cabello y así agitarle la cabeza, con la única intensión de hacerle daño.
—¡Basta! —Exclama Jared inconscientemente, cuando siente que su cuero cabelludo no aguantará mas, y esa simple palabra, fue el combustible para que Arthur, lo arrojara en el suelo con todas sus fuerzas.
—¡Mentiroso! ¿Qué persona normal permitiría que una basura como tu permaneciera en su casa toda la noche? ¿Eh? ¡Dime! ¡Te voy a moler a golpes, maldito asesino de mierda!—Grita Arthur pretendiendo patear a Jared, pero Aris una vez más, le detiene.
—Ya, ya. Cálmate, Arthur… mira el lado positivo, Jared regresó con nuestro dinero intacto—Recuerda Aris, mientras con mucha cautela, Jared se pone de pie.
—¿Pero no te das cuenta que ese maldito nos está mintiendo? Quien sabe que estuvo haciendo anoche… —Murmura Arthur, sospechando del más pequeño.
Jared se mantiene en silencio, porque sabe que si llega a pronunciar tan solo una silaba, Arthur, o Aris podían matarlo a golpes, más bien era un milagro que Aris en ese instante le estuviera defendiendo… algo tramaban, y eso no le agradaba en lo absoluto.
—Vas a ir a trabajar hoy. Esta vez la tarifa no serán cien dólares, a partir de hoy traerás el doble—Ordena Aris, viendo que Jared con la vista baja asentía con la cabeza.
—Si no vienes con el dinero completo, te quemaré la piel con la punta de un cigarro, por cada dólar que te falte…—Murmura Arthur con una pequeña sonrisa, que Jared prefirió no ver.
Ese era el castigo por no haber aparecido ayer. Quitarle su preciado día libre, y además subirle la tarifa diaria, sabiendo que él apenas y podía llegar a los 100 dólares. Al saber eso, Jared se mordió su labio inferior sintiendo mucha frustración, porque sabía que sería lastimado severamente esa noche, y las que vendrían, al no poder llegar a la suma de dinero que sus hermanos requerían. Si fuese más valiente, en ese instante le gritaría a esos tres hombres que lo terminaran de matar de una buena vez, o que si tan desesperados por dinero se encontraban, que salieran a trabajar y a él le dejaran en paz, pero prefirió no hacerlo, y como siempre, se mordió su lengua, prefiriendo mantener silencio, puesto que, una pequeña parte de él siempre le decía que se merecía dichos tratos.
—Está nevando…—Susurra Jared con la vista baja.
—¿Qué dijiste, escoria? ¡Levanta tu maldita cabeza y habla más fuerte, maricón de mierda! —Grita Arthur, acercándose a Jared, para sujetarle fuertemente con una de sus manos las mejillas del chico, y así levantarle el rostro.
—¡N-NECESITO ROPA DE INVIERNO Y ZAPATOS! —Grita Jared, esperando recibir un golpe, pero este nunca llegó porque fue suplantado por una carcajada por parte del hombre—Me congelaré afuera…—Musita más bajito, viendo como Aris y Arthur continuaban riéndose.
—¡Austin, ya escuchaste! Tu novia necesita ropa nueva—Exclama Aris, cogiendo un brazo de Jared, para arrastrarlo hacia el hermano menor, y luego empujarlo para que cayera en las piernas del otro.
Cuando Jared cae sentado en las piernas de Austin, este de inmediato lo empuja a un lado con rudeza, para levantarse del sofá y así dirigirse hacia su habitación.
—Sígueme—Ordena Austin, viendo de soslayo, como Jared rápidamente fue tras él.
Cuando entraron a la habitación, Austin cerró la puerta con llave, para que Aris y Arthur no entraran a molestar, y ahora estando a solas con Jared, vio como el chico tenía el rostro muy rojo, el labio sangrando, y el cabello todo enmarañado por los jaloneos, y las bofetadas que recibió hace poco. Con Austin, Jared se sentía un poco más seguro, porque el hombre con el transcurrir del tiempo, era el que menos le lastimaba de los tres, y de cierta forma, el chico podía asegurar que Austin si le quería, o por lo menos eso era lo que deseaba creer.
—¿En serio te quedaste con un hombre anoche? ¿Trabajaba para el jefe? Límpiate la boca, estas sangrando —Pregunta y ordena Austin, sentándose en la punta de su cama, observando a Jared asentir con su cabeza, mientras se limpiaba la boca con la manga de su sudadera.
Y ahora que se ponía a pensar con más detenimiento ¿Seth trabajaba para el jefe? Había estado tan preocupado por el dinero, y por marcharse de su casa, que nunca le preguntó la razón del por qué se encontraba en la mansión de aquel narco, aunque de haberle preguntado, resultaba muy poco probable que Seth le respondiera… sin embargo, eso era lo menos importante en ese instante, nunca mas vería a ese chico, y si llegaba a encontrárselo, haría lo imposible para ignorarle, puesto que si estaba inmiscuido con su dueño, eso solo significaba que era alguien peligroso que, mejor evitaba para no empeorar su actual situación, la cual sin duda alguna, empeoró desde que ese chico se cruzó en su camino.
—La comida de gatos me hace daño… luego de salir de la casa de mi dueño, vomité y me desmayé, y él me salvó… no sé porque lo hizo—Confiesa Jared, esperando que Austin si le crea.
Austin mira de pies a cabeza a Jared, pensando que esa historia no era demasiado convincente.
—¿Tuviste sexo con él, o algo parecido? —Pregunta el hombre, levantándose para acercarse hacia el chico que, retrocede por precaución.
—El único que me hace cosa sexuales, es mi dueño, cuando soy Pinky…—Susurra Jared, sintiendo como Austin le acariciaba el cabello, peinándoselo un poco.
—De acuerdo…—Responde el hombre, aceptando la explicación de Jared, luego que se aleja de él, para ir a su closet, y buscarle algo para que usara.
Jared sonríe un poco, sintiéndose algo alegre por la caricia que recibió de Austin.
—Austin… gracias por… creerme—Murmura Jared, con una leve sonrisa, sin saber que el hombre a espaldas de él, revoloteaba sus ojos con fastidio.
—Usa este gorro de lana—Dice Austin, ignorando los tontos agradecimientos del chico, para lanzarle el accesorio que Jared ataja rápidamente —También esta chaqueta. Tiene capucha, te servirá—Indica lanzándosela de igual forma —Y por ultimo…—Agrega agachándose, para buscar algún tipo de calzado.
—Gracias, Austin—Vuelve a agradecer Jared, colocándose la enorme chaqueta, y el gorro, sintiéndose de inmediato, muy cálido.
—Tus pies son pequeños, no creo que mis zapatos logren quedarte. Agradécele al maldito asesino de tu padre, y a la perra suicida de tu madre por haberte hecho un enano…—Murmura Austin mientras no deja de hurgar en su closet, entre tanto Jared luego de escuchar aquello, se torna triste y cabizbajo al instante—Usa estas botas, te quedarán enormes pero es lo máximo que mereces—Concluye, lanzándole las botas a Jared que las ataja como el resto de las prendas.
El chico de inmediato comienza a ponérselas, viendo como sus pies bailaban en el viejo calzado de cuero marrón, y el sin importarle demasiado aquello, amarra con mucha fuerza los cordeles, sintiéndose más triste de lo usual, porque su hermano le hizo recordar a su padre. Todos los días lo extrañaba, porque a pesar del crimen que cometió, para Jared su papá continuaba siendo inocente en su corazón, no obstante, él cada día estaba pagando el pecado que su progenitor cometió, porque ese odio inmensurable que le tenían esos hombres, se debía al asesinato de la madre de ellos…
—No pienses en eso, no pienses en eso, no pienses en eso—Se repetía Jared en pensamientos, mientras jugaba con los cordeles de esa enorme bota, ya que él le entristecía demasiado, recordar que su padre había asesinado a esa mujer, y quién sabe si también fue el responsable, por el suicidio de su madre—Ya estoy listo, Austin…—Indica Jared, con una pequeña sonrisa, observando cómo Austin le veía seriamente.
—Bien. Ahora, dile a Aris que te de la mercancía que venderás hoy. Si no logras hacer la tarifa diaria hoy, nadie te salvará de Arthur esta vez… ni siquiera yo. Y tampoco se te ocurra escapar, sabes perfectamente que el jefe tiene ojos por todos los rincones… —Advierte Austin, observando seriamente a Jared, el cual le veía con temor.
—¿Por qué Arthur me aborrece tanto…?—Pregunta en susurros Jared, con la vista baja.
—Todos te aborrecemos. Incluyéndome, del hecho que no te golpee demasiado, te de parte de mi ropa, y te defienda de vez en cuando, no quita el hecho que te odio. Solo eres nuestra máquina de hacer dinero, por eso intento protegerla lo más que pueda—Confiesa Austin, de una manera tan fría, que fue casi como una bofetada al corazón de Jared —Arthur no comprende eso porque es un imbécil, por eso le encanta lastimarte más. Eres su saco de boxeo personal —Agrega sin una pizca de afecto.
—D-Debo irme…—Musita Jared con la voz entrecortada, saliendo de la habitación, sintiéndose terriblemente mal por saber que Austin, era igual, o incluso peor que sus hermanos, puesto que él ni siquiera le veía como una persona, para Austin, él solo era “una máquina de hacer dinero”.
Cuando salió de la habitación, Aris ya tenía preparada la mercancía en la mesa, y Jared sin decir nada, cogió todas las bolsillas guardándolas en sus bolsillos, para después salir a toda prisa de ese lugar. Y ahora, estando afuera, el chico caminaba lentamente viendo como sus pies lucían gigantes con esas botas, mientras poco a poco su visión se cristalizaba, y su garganta comenzaba a doler al igual que su pecho, hasta el punto que comenzó a llorar sin poder detenerse, es por eso que el chico con cada lagrima que salía, rápidamente las limpiaba con el reverso de su mano, porque Jared detestaba llorar, pero en esta ocasión su corazón dolía tanto, que no lo pudo evitar, al pensar en lo solo que se encontraba en el mundo, nadie le quería, y lo peor, es que ciertamente su vida jamás cambiaria porque no tenía salida…
***
Hacia frio, quizás demasiado para poder creer. Jared no sabía demasiado cómo funcionaba el clima, pero él asumía que quizás esa repentina ola de frio, se debía al calentamiento global o algo parecido, porque ni siquiera era temporada de invierno, y ya estaba nevando. La chaqueta que le dio Austin no era suficiente, porque sentía como la brisa helada se colaba entre la tela gruesa, tocando su piel hasta adentrarse a sus huesos, sin mencionar que por los agujeros de su jean, también entraba el frio. Sin dejar de caminar, Jared deseaba estar en un lugar más cálido, que permanecer vagando en las calles, sin embargo, ese era un deseo que por supuesto, no podría cumplir.
En ese instante, se sentía tan deprimido, que ni siquiera proponía su mercancía, él simplemente caminaba abrazando su cuerpo sin un rumbo en especifico, con la vista baja como siempre, pensando que al llegar a casa, Arthur le quemaría con un cigarro encendido, por no haber hecho ni un centavo. Ya lo sabía, eso era lo que le esperaba y lo peor de todo, es que ni siquiera sentía temor, él completamente resignado, esperaba aquello sin importarle un poco. De todas formas, si llegase a ocurrir un milagro, y cumplía con la tarifa, su hermano encontraría otra excusa para hacerle daño, porque justamente como dijo Austin, para Arthur, él solo era su saco de boxeo, que también funcionada como máquina de hacer dinero.
Por otro lado, Seth decidió salir para comprar varias pinturas, y así darle un “cariñito” a las maltrechas paredes de su casa. No podía seguir así, además había pedido un sofá nuevo que le entregarían en un par de días. Y en eso, mientras caminaba, con su vista puesta en el celular, observaba el montón de mensajes que tenia, porque luego de haber hecho el trabajo a “el jefe” varios contratos comenzaron a llegar, mas de los que imaginó, por supuesto, eso eran buenas noticias, como en ese instante que le estaba respondiendo un texto a un posible cliente, hasta que alguien se choca con él, y ese alguien era…
—¿Jared? Al parecer el destino se empeña con juntarnos—Comenta Seth, notando como el chico le observa con una expresión sorprendida, para después bajar la mirada, y pretender seguir su camino, pero por supuesto, Seth lo impide sujetándole un brazo—Hey ¿Estás trabajando? ¿Con este clima? —Pregunta esperando recibir una respuesta.
Jared de un solo jalón se suelta, para continuar caminando, pero Seth vuelve a sujetarle en esta ocasión, su enorme chaqueta.
—¿Qué te pasa? No me ignores—Reclama Seth, bajo la mirada sorprendida de Jared.
—¿Por qué me recogiste ayer cuando me desmayé?—Pregunta Jared repentinamente, dejando a Seth un tanto descolocado, porque no se esperaba esa pregunta.
—No pude dejarte… además, iba a comenzar a nevar, si te quedabas ahí tirado, quizás te enfermabas—Responde Seth, sintiéndose algo estúpido, mientras que Jared, alza ambas cejas.
—¿Por qué te preocupaste por mi? —Pregunta el chico una vez más, escuchando como Seth emitió un bufido.
—Oye, de repente de volviste muy preguntón ¿Eh? —Aclara Seth con una leve sonrisa, sabiendo que ni él sabía a ciencia cierta porque se preocupaba por ese chico—Supongo que no soy tan hijo de puta como piensas ¿No lo crees? —Responde, dándose cuenta que Jared hasta ahora no había bajado la mirada, como siempre lo hacía, en esta ocasión le miraba fijamente, y fue ahí que Seth pudo notar que tenía su labio inferior algo hinchado.
—Seguro ya te lo han dicho antes, pero… tienes un lindo color de ojos. Son verdes, con tonos azulados, bastante peculiar. Incluso esas pequeñas pecas que tienes, te hacen lucir tierno, omitiendo ese labio hinchado ¿Un cliente violento hizo eso, supongo?—Confiesa Seth y es en esa ocasión, que Jared decide regresar toda la atención hacia sus pies.
—Tengo que irme…—Susurra Jared, sin moverse del lugar donde estaba.
—Entonces estas trabajando… ¿En cuál de tus dos “empleos” andas?—Dice y pregunta Seth, ignorando la típica frase que había escuchado en Jared desde que le conoció: “tengo que irme”.
—Es-Estoy… vendiendo mi mercancía—Responde Jared en un hilo de voz, sin hacer contacto visual con Seth.
El sicario se mantiene en silencio por un instante, hasta que una idea se le cruza por su cabeza, haciéndole sonreír.
—¿Cuánto ganas diario vendiendo drogas? Te pagaré lo mismo por pintar las paredes de mi sala—Ofrece Seth a Jared, quien de inmediato alzó su mirada para verle con una expresión de incredulidad.
—No es cierto…—Susurra Jared con un tono de voz donde se reflejaba un atisbo de sorpresa y desconfianza.
—¿Qué no es cierto? —Cuestiona Seth, arqueando una ceja.
—Que me pagues por pintar tu casa… no te creo—Contesta Jared, sin demasiada seguridad en su tono de voz, escuchando como Seth esbozó una risa.
—¿Por qué no? No le veo la gran cosa, a ver dime ya ¿Cuándo ganas diariamente? —Insiste Seth, reconociendo que esa idea de tener ayudante, se le ocurrió al instante que vio a ese chico frente a él.
—200… dólares—Musita con timidez.
—Te pagaré eso ¿Aceptas el trato? Esta vez no serán billetes falsos, te lo prometo—Da su palabra, aumentando su promesa al colocar su mano libre, sobre su corazón.
Jared se muerde el labio inferior pensando, por supuesto que desconfiaba de ese chico, ya lo había timado una vez, aunque en la mañana le ayudó y le alimentó sin razón alguna, no podía confiarse de él, seguramente algo tramaba, algo malo pretendía hacerle, pensaba Jared comprendiendo que las personas no eran buenas. Desde su punto de vista, la bondad era solo un mito que inventaron para vender películas, u otros productos, esos donde mostraban familias perfectas, y personas haciendo actos misericordiosos sin esperar nada a cambio. Para Jared eso no existía, y mucho menos cuando se trataba de una persona que se desplazaba por su mismo mundo, como lo era Seth. Ese chico quizás era un asesino, o un ladrón peligroso, no lo sabía con certeza, pero el punto era, que no era buena idea juntarse con ese joven que, quizás solo le traería más problemas de los que ya tenía sobre sus hombros.
—No confío en ti. Me darás billetes falsos y…—Se detiene, no era buena idea explicarle demasiado su situación a Seth, de todas formas, a él poco le iba a importar —Mejor debería irme… tengo que seguir vendiendo…—Responde casi sin pensarlo, retrocediendo un poco mas viendo como Seth suspiró con fastidio, revoloteando sus ojos.
—¿A vender drogas a quien, a los copos de nieve que están comenzando a caer? Con este frio nadie quiere salir, ni siquiera los drogadictos, aunque podrías proponerles a los indigentes, seguro te comprarán mucho—Exclama sarcásticamente —Otra opción es que vayas de casa en casa, como una niña exploradora a proponer tus bolsitas de mariguana, piedra, y cristal…—Agrega con la misma ironía, observando como Jared fruncía levemente el ceño, parecía molesto, y con tan solo ver esa expresión le hizo reír. Al parecer el pequeño dealer se ofendía muy rápido.
—Tengo clientes, iré con ellos, adiós…—Murmura Jared una mentira que ese joven no tenía que descubrir. Luego de decir aquello, el chico prefiere irse hacia otra dirección esperando que Seth no le siguiera.
Cuando Jared se volteó para marcharse, Seth aprovechó para ver que el chico estaba usando unas botas enormes, al igual que la chaqueta que le cubría ¿Dónde conseguía esos trapos? Pensó Seth, tratando de restarle importancia a la vida privada, o la historia que había detrás de Jared. En su mundo, todos tenían o tuvieron historias tristes, vidas miserables, llenas de problemas y adversidades, el asunto era, la forma como afrontabas o afrontaste esos infortunios, si eras lo suficientemente fuerte para sobrevivir, para luchar, para que el mundo donde naciste, no te comiera vivo. En su caso él era un sobreviviente, pudo salir adelante, dejando a un lado su pasado miserable para así moverse mejor en su entorno, a diferencia de Jared, quien a leguas parecía que el infierno donde la vida les situó, lo estaba consumiendo. Se suponía que no debía importarle, ese chico apenas lo había acabado de conocer, sin embargo…
—¡Hey, Jared! —Grita Seth, aprovechando que el dealer no iba muy lejos.
Jared al instante se detiene, normalmente no lo llamaban por su nombre muy seguido, y eso aunque no le gustó admitirlo, le agradó tanto, al punto que se volteó para ver a Seth, el cual no se había movido del lugar, donde minutos antes se detuvieron para hablar. El chico sicario vio que ya tenía toda la atención de Jared, y es ahí cuando decide hablar.
—Ya sabes donde vivo, si quieres el trabajo puedes ir cuando gustes. No te estafaré esta vez—Promete yéndose en la dirección contraria, porque tampoco deseaba rogarle a ese chico.
Jared más sorprendido que nunca, observa a Seth irse con esas latas de pintura en una de sus manos. En ese instante, Seth vestía una chaqueta de mezclilla, sumando una sudadera que lucía muy gruesa, además cubría su cuello con una bufanda negra, del mismo color del gorro de lana que tenia. En la parte inferior, usaba unos jeans sencillos, y unas botas de invierno que lucían igual de cálidas como todo su atuendo. A simple vista, parecía el típico chico malo, pero a pesar de su apariencia, y forma de ser un tanto acida, debía admitir que le había tratado mejor que otras personas, además le agrada que ese chico fingiera que se preocupaba por él, no obstante, no debía confiarse.
—Las personas son malvadas… él también debe serlo—Piensa Jared encogiéndose de hombros, regresando una vez más a su realidad, la cual era tan fría y gris como el clima de ese día.