—¿Qué... es este lugar?
Taylor se quedó mirando las letras luminosas que formaban la palabra "Gazella" y que estaban ubicadas sobre la puerta del sitio al que lo llevó Josh. Lucía muy bien por fuera, pero tenía un mal presentimiento de lo que habría dentro.
—Cuando entremos, te daré tu obsequio de bienvenida —señaló Josh con una sonrisa traviesa—. ¿Y tú qué haces aquí? Solo invité a Taylor, tú sales sobrando —bromeó a su amigo quien terminó siguiendo a ambos y colándose en los planes.
—Sabía que harías algo estúpido, pero nunca me imaginé que traerías a Taylor a este lugar —espetó Roger con desagrado.
—Soy consciente de que no te gusta venir aquí, así que puedes tomar el camino de regreso mientras que Taylor y yo nos divertimos —colocó el brazo alrededor del joven y lo forzó a caminar hacia la entrada.
Roger frunció el ceño y decidió ingresar a aquel sitio. La preocupación se había instalado en su pecho, sentimiento que no experimentaría si se tratara de cualquier otro empleado, sin embargo, era el heredero de Traveling quien acababa de entrar a un lugar nada conveniente y dejarlo en manos de Josh sería un completo error.
Cuando atravesaron el pasillo, el mal presentimiento de Taylor se hizo realidad. Vio a un montón de mujeres con demasiada piel descubierta, moviéndose al compás de una erótica música alrededor de un tubo. Tragó saliva y pestañeó repetidamente, era la primera vez en toda su vida que se hallaba en una circunstancia como esa. Jamás había ido a un burdel.
—¿Qué te parece, Taylor? —expuso Josh con orgullo, apuntando con la mano a todo lo que tenía en frente.
—Es... una locura —respondió casi sin aliento y con la mirada al suelo.
—¡Claro que es una locura! Mira a estas nenas —empezó a caminar, en lo que arrastraba a Taylor consigo. Roger seguía sus pasos y observaba a su alrededor con el semblante inexpresivo.
Llegaron a un espacio que aparentemente fue reservado con antelación, en donde se encontraban ubicadas unos asientos acolchonados.
—Aquí, siéntate —invitó Josh y Taylor obedeció sin chistar. Estaba demasiado aturdido y no tenía idea de cómo debía manejar la situación. Pensaba que la mejor elección era seguirle la corriente, creyendo ingenuamente que solo estaban allí para mirar desde la distancia. Sin embargo, entendió cuán lejos estaba de la realidad cuando Josh hizo una señal al aire para que un par de mujeres se acercaran.
—Este es mi obsequio para ti, Taylor —tomó de la mano a una de ellas, le hizo dar una vuelta y la presentó—. Su nombre es Camila, la más joven de Gazella. Es perfecta para el heredero de Traveling.
Taylor la escrutó pasmado, con los ojos expandidos y los labios ligeramente separados, mientras que Camila lo miraba de arriba a abajo, sonriendo complacida. Éste se puso de pie rápidamente, mostrándose nervioso.
—Señor Vargas, no creo que deba... —las manos de Josh se posaron en los hombros de Taylor.
—Dime Josh —aseveró, para luego sentarlo a fuerza—. No seas tímido, acepta mi regalo.
Camila se aproximó al joven y se acomodó en su regazo. Taylor levantó sus manos y las dejó en el aire debido a que temía tocarla. Había salido con algunas chicas para que no surgiera ningún tipo de sospecha acerca de su género e incluso una de ellas le robó un beso, pero nunca tuvo tan cerca a una mujer semi-desnuda.
—Hey, Roger —agregó Josh—. Ya que estás aquí, llamaré a una para ti —indicó, tomó asiento y acomodó entre sus piernas a la otra mujer.
—No lo necesito —respondió tajante, sentándose en uno de los asientos.
—Taylor —pronunció Josh—. Para que lo sepas, este no es un burdel cualquiera. A este lugar solo vienen personas con clase, por lo tanto, estas mujeres son de muy buena calidad —resaltó.
«Habla de ellas como si fueran un pedazo de carne en venta...» refunfuñó Taylor para sus adentros. Mientras se sumergía en sus pensamientos, sus manos se bajaron lentamente, y en un descuido, rozaron las piernas de Camila. Al sentirlo, Taylor dio un sobresalto y levantó de vuelta sus manos.
—Lo siento, señorita... —expresó con respeto.
—No te preocupes, puedes tocarme todo lo que desees —Camila tomó sus manos, colocando una en su espalda baja y la otra por encima de sus piernas. Taylor se petrificó, quedándose extremadamente tieso y con el rostro pálido.
Josh estaba muy entretenido con la mujer que tenía sobre él, así que no notó la reacción de Taylor; sin embargo, hubo alguien que sí permaneció observándolo detenidamente. La exagerada incomodidad del joven alertó a Roger, era evidente que no estaba disfrutándolo en absoluto.
—Creo que ya fue suficiente —dijo, llamando la atención de Josh y de Taylor. Se puso de pie y con la mano le hizo una seña al joven para que se levante—. Vámonos —ordenó.
—No seas aguafiestas, hombre —gruñó Josh—. Déjalo gozar. Estas chicas son muy talentosas, se lo demostrará dentro de un momento...
Roger atisbó a Taylor, quien estaba notablemente intranquilo debido a los comentarios de Josh.
—Tenemos mucho trabajo por hacer en el hotel, así que el niño debe presentarse a primera hora mañana. Si se queda aquí por más tiempo, entorpecerá su concentración. Tú puedes amanecer si quieres, pero a él lo necesito en estado fresco —manifestó, dirigiendo su mirada hacia Taylor—. Entonces, ¿qué harás, pequeño Tay? ¿Vienes conmigo o te quedas?
—¡Iré con usted! —exclamó apenas terminó de formular su pregunta—. Señorita, si me disculpa, ¿podría levantarse, por favor? —solicitó educadamente a la mujer que reposaba en su regazo.
—No hay problema —accedió, bajando los pies al suelo—. Vuelva en otro momento, lo estaré esperando —insinuó, depositando un casto beso en la mejilla del joven.
Taylor carraspeó, se acomodó la corbata y decidió no responder a las palabras de Camila. Luego, se situó frente a Josh.
—Lamento no poder aceptar su obsequio, señor Varg... digo, Josh —indicó.
—No te preocupes. Es por culpa del sangrón de tu jefe, ya tendrás otra oportunidad —guiñó un ojo.
—Adiós, Josh —Roger ubicó su mano en la nuca de Taylor y empezó a caminar, haciendo que el joven siguiera su ritmo.
Al salir del burdel, Taylor dejó escapar un suspiro, el cual fue captado por Roger.
—Vamos, te llevaré a casa —le quitó el seguro a su coche.
—¿Usted sabe en dónde vivo? —cuestionó Taylor.
—Como te dije antes, Nathaniel me entregó toda tu información personal, eso incluye tu dirección —expuso, abriendo la puerta del copiloto—. ¿Te subes o pedirás un taxi?
—Ah... —Taylor se rascó una ceja y no se demoró en hacer su elección. Entró al auto de Roger y decidió ir con él.
Durante el comienzo del trayecto, ambos permanecieron callados. Taylor finalmente respiraba con serenidad y su corazón recuperó la calma. Aquella experiencia lo había dejado en shock por unos segundos pues fue una situación que escapó de sus manos. Pudo haberse negado a entrar y simplemente retirarse, pero la impresión fue tan grande que su cerebro se desconectó de sus sentidos.
Al menos, si volviera a ocurrir, ya sabría cómo actuar.
El joven seguía inmerso en sus pensamientos, cuando Roger rompió el silencio.
—¿Es la primera vez que entras a un burdel? —preguntó repentinamente.
—Ah... s-sí —dudó en contestar, pero eligió decir la verdad.
—Lo supuse, estabas realmente incómodo allí dentro —expuso.
—¿S-Se dio cuenta?
—Era imposible no notarlo y Josh también lo habría percibido si no hubiera estado tan distraído —señaló Roger—. De todos modos, tu actitud al tener encima a esa mujer fue muy extraña —colocó sus dedos en su barbilla y se tornó pensativo.
—¿A qué se refiere? —Taylor incrustó la mirada en él.
—Me refiero a que lucías como un ratoncito asustado, a punto de ser devorado por una felina —comparó—. ¿Acaso aún no tienes experiencia en la intimidad?
Taylor levantó ambas cejas, mostrando indignación.
—Q-Qué grosero, esa pregunta es muy personal —fijó la vista hacia la ventana y se cruzó de brazos.
—Pienso lo mismo, pero decidí tomar el riesgo de formularla —arguyó—. Entonces, si no es eso, ¿significa que no te gustan las mujeres?
Taylor frunció el ceño y lo fulminó con la mirada.
—¿Qué le pasa, señor Croce? De repente está muy interesado en mi vida privada —refunfuñó.
—Simplemente se me hizo raro tu comportamiento ante esa mujer, mantuviste tus manos al aire para no tocarla, como si rozar su piel fuese un acto de pecado —expresó, sarcástico—. ¿Eres inexperto o no te atraen las mujeres? ¿O tal vez ambas opciones sean correctas? —especuló.
—Pues usted tampoco quiso estar con alguna mujer de allí, ¿eso quiere decir que no le gustan las mujeres? ¿Eh? —apuntó, desafiante.
—Es diferente. Si una mujer se hubiera sentado en mi regazo, no habría actuado como lo hiciste tú —se encogió de hombros—. Y para aclararlo, me encantan las mujeres, las adoro, pero soy muy selectivo —manifestó con orgullo.
—Yo soy heterosexual —afirmó, con la mano en su pecho. Y en efecto, no era una mentira. A pesar de fingir ser un chico, no tenía ninguna duda en cuanto a sus gustos. Definitivamente le atraían los hombres—. El problema es que, si alguien descubriera que estuve en un lugar como ese, arruinaría mi reputación y la de mi familia... —aunque no era la razón principal, no estaba lejos de ser una verdad.
—¿No responderás a la otra pregunta? —cuestionó Roger.
—No tengo porqué hacerlo, señor Croce. Es asunto mío —bufó—. Deje de molestarme y concéntrese en conducir.
Roger, en lugar de exasperarse, le resultó graciosa la reacción de Taylor, así que desató una pequeña risa.
El joven lo miró por el rabillo del ojo y no pudo evitar sentirse impresionado por el panorama que estaba apreciando. Roger, el CEO que siempre llevaba una expresión seria o de enfado, estaba sonriendo en ese preciso instante.
Repentinamente, el corazón de Taylor empezó a bombear sangre de manera más acelerada, lo cual lo confundió.
«¿Qué es... este sentimiento?» se preguntó a sí mismo.
Al no poder descifrarlo, se puso a la defensiva.
—O-Oiga, ¿porqué se está riendo de mí? ¿Cree que soy su payaso? —gruñó—. Deje de sonreír, qué fastidio.
En aquel segundo, la sonrisa de Roger desapareció y lo escrutó irritado.
—¿Cuál es tu problema? ¿Acaso debo pedirte permiso para reír? —dio un ligero pero firme puñetazo al brazo de Taylor.
—¡Auch! ¿Ahora se pondrá violento? ¿Qué más puedo esperar de usted?
—Tch, apenas y te he tocado —dio otro golpe a su brazo.
Continuaron de ese modo, hasta que finalmente llegaron al complejo de apartamentos de Taylor.