—¿Por qué esa carita? —cuestionó, acariciando mi mentón. Todavía seguía con esa misma sonrisa satisfecha—. No parezco enojado, ¿o si? —se lamió los labios y miró por encima de mi un segundo, a su hermano. Mi corazón estaba bombeando a mil por hora y sentía que se iba a salir de mi pecho, parecía una ametralladora. Me estaba aterrorizando tenerlos a dos en el mismo espacio, pero estaba acabando conmigo el hecho de que Axel me tenía bajo su merced, dentro de mi y frente a mi rostro estaba Madow, el fantasma de mi día a día, con una sonrisa estúpida, burlándose de lo que claramente provocó. —Es imposible que mis hermanos hagan algo, sin que yo me entere —comentó y abrí los ojos con sorpresa, plantando un gemido consigo en el momento en que Axel introdujo otro de sus dedos en mi intimida

