Su tamaño no era tanto como el de Madow y Axel, pero si era bastante fornido y no entendía como era que esos hombres eran tan magníficamente inimaginables. Acaricié su cabello suave, mientras que sus labios me devoraban la boca y sentía el calor inundar mi cuerpo por ese simple acto de intimidad que jamás creí que lograría con él, como con los demás, pero que para mí era como una fantasía que mi cuerpo no quería negar. El descontrol que lograban provocar en mi con solo su presencia me era imposible de entender. Me levantó del suelo con sus brazos y me ubicó en el escritorio, de modo que pudiese estar más cómoda a su altura, pero eso solo estaba poniendo más intensa la situación y lo que menos quería era volver a dejarme llevar a horas de haber tenido sexo con su hermano, como si trat

