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1372 Palabras

—¿Por qué no me bendice el señor con uno así?, que envidia —hizo puchero—. Bueno, ¿luego que pasó?, ¿te manoseo? Negué inmediatamente—. ¿Estás loco?, no. —¿Entonces que hizo? —Traté de irme, pero le di espacio en mi cuello y me empezó a besar —me tapé la boca, en cuanto recordé como se sentían sus labios—. Su temperatura corporal es muy caliente, no te imaginas cuánto. Es una locura que una persona pueda tener ese calor en su cuerpo. —No puede ser. ¿Sentiste todo su cuerpo? —Si, me levantó de donde estaba y me sentó en la baranda. Aún no se como no se rompió esa madera, por qué se me metió en las piernas y me abrazó con sus brazos —me mordí los labios—. Carajo, si me gustó mucho. —No. ¿Por qué no cediste? —preguntó, mientras empezaba a comer su hamburguesa, mirándome atento. Yo en ca

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