Me recosté en la baranda del tejado, donde podía ver desde lo más alto la ciudad gracias al tamaño del hospital. Jamás me imaginé que hubiese posibilidad de pasar a ese lugar tan alto, donde podría peligrar la vida de alguien que tal vez ya no quisiese vivir, pero por alguna razón me sorprendió que no hubiese un helipuerto también, cuando se trataba de un hospital tan prestigioso. La ciudad era tan hermosa, casi parecía que no habían mundos destruyendose dentro de cada persona que fingía tened una vida estable o las personas que perdían el control, sin saber cómo recuperarlo. Lograba mantener la estabilidad en mi vida, pero no podía definitivamente con la muerte. Nada podía detenerla y mucho menos retrasarla. No sabía cómo quitarme de encima la sensación de que iba a quedar sola, a pesa

