Capítulo 61

2501 Palabras

La verdad me golpeó sin misericordia alguna. Ella era una mujer casada, ligada a alguien que no era yo. Ella era ajena. Ante los ojos de la sociedad, ella ya tenía dueño. Sin embargo, algo dentro de mí me decía: «No importa. Soy capaz de compartirla antes de renunciar a ella». Pero… ¿¡Qué diantres!? Sin darme cuenta estaba aceptando la condición de ser su amante. Me estaba aferrando a la absurda idea de conformarme con migajas, de ser el suplente, el secreto, su amor clandestino… —No lo digas así —habló ella. Bajé la mirada y me sentí apenado por mi conducta. Yo fui quien propició ese encuentro. Yo era el intruso que pretendía entrometerme en un matrimonio, esa sagrada institución en la que creía con fervor. Estaba decidido a echar por tierra mis ideales. El matrimonio es algo inquebra

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