Para Marcus era una pésima idea salir de fiesta con una mujer que conoció hace una semana, pero lo necesitaba. De verdad quería despejar un poco su mente. Todas esas estupideces que sentía por una mujer casada, solo podían quedarse en su cabeza. Debía asegurarse de mantener sus sucios pensamientos, lejos de la realidad. Tal vez un par de copas, una charla banal y un buen polvo, le ayudaría a quitarse esas locas ganas que tenía de meterse entre las faldas de Jessica Sandra Sandoval de Windsor. ¡j***r! ¡Hasta se sabía su nombre completo! Ese “Windsor” retumbaba en su cabeza, como un recordatorio de que, eso que sentía, era lo más descabellado que sintió en toda su vida. Esa mujer le despertaba sus instintos más básicos y aunque sabía que no podía aspirar a nada formal con ella, moría de g

