El restaurante del hotel poco a poco se fue llenando. Era la hora perfecta para desayunar, aunque iba siendo hora del almuerzo. Algunos invitados, ya se encontraban dando un paseo por las orillas del lago Lomond, mientras otros, apenas salían de sus respectivas habitaciones, como era el caso de Benjamín y Bethany, quienes sentían que la cabeza les estallaría en cualquier momento. —¡Dios! —dijo Benjamín, llevándose la mano a la frente. —No se vale quejarse —comentó Bethany, acomodándose las gafas de sol. —El vino estaba delicioso, eso no lo puedo negar —indicó él. Bethany rió a carcajadas y entrelazó su brazo con el de su amado. Ambos bajaron las escaleras y se dirigieron hacia el bello restaurante preparado para todos los invitados de los Windsor. Al llegar, fueron recibidos por el pa

