Capítulo XXIV

1405 Palabras

CAPÍTULO XXIV Las barreras habían desaparecido. Elizabeth, al morir, había ayudado a Philip como nunca había podido hacerlo en vida. No me atrevía a moverme, ni a respirar, ni hacer nada que rompiera la magia de aquel momento. Por fin Philip había hablado conmigo. Por fin se había disipado aquello que nos mantuvo alejados durante estas largas semanas y que nos convertía en dos personas amables y distantes. Me invadió una enorme ternura y comprendí que podía ser de gran ayuda para él. Siguió un silencio que pareció eterno. Sólo se escuchaba el tictac del reloj sobre la chimenea y, a lo lejos, el tráfico de la calle. Al fin, con voz calmada, dije: —¿No quieres hablarme de Nadia? Siempre he pensado que hubiese deseado conocerla— sin mirarme y sin quitarse las manos de los ojos, Philip me

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR