Capítulo Veinte Maurelle apenas podía creer que hoy era el día en que iba a aparearse con sus machos frente a todo el reino. Sus sombras revoloteaban bajo su piel mientras pensaba en la última semana. Tras recuperar el castillo de los humanos, ella y sus compañeros habían pasado la última semana devolviendo las instalaciones a lo que un Fae necesitaba. Los humanos habían instalado algún tipo de muro para cubrir la piedra natural de la estructura original. Habían cerrado las aberturas y hecho tantos otros cambios que los aislaron de los elementos. Maurelle se preguntaba por qué alguien querría mirar esos extraños muros blancos. No estaban hechas de nada que ella hubiera encontrado. Ni de árboles, ni de rocas, ni de ladrillos. Los humanos incluso habían amurallado el jardín que era la pie

