Todas las citas habían sido perfectas, por lo que Camila sabía que ese día no sería diferente. El día siguiente al levantarse en la cama junto a Tom una sonrisa se había extendido por su rostro, el hombre dormía tal cual como era su personalidad, extendido buscando siempre la comodidad y aun así no dejaba de darle su espacio, como para que ella no dejara de estar cómoda. Al intentar levantarse él la había sujetado y tan desnudos como estaban la excitación se los había llevado de nuevo, la mañana había terminado siendo el medio día y ellos cansados, sudados y hambrientos habían tomado una ducha para luego dirigirse a la cocina. Con un desayuno ligero y muchas risas Tom la había dejado en su hogar unas horas después, él le dio un beso fuerte antes de irse casi gritando con alegría. Ella ha

