Esteban mira a Nicole que lo observa con ojos de conejito asustado. ―¿Querías hablar con él? ―No ―niega al tiempo que ladea la cabeza, en una súplica―. ¿Qué le dijo? ―Nada importante ―contesta encogiéndose de hombros. ―No me dejará tranquila, ¿verdad? Esteban la mira, confuso, ¿ella no quiere volver a verlo? La mujer baja la vista y se queda mirando la nada. ―Cristóbal no es un hombre que se dé por vencido fácilmente. Nicole recuerda a su exesposo, en todo lo que la siguió y acosó para casarse con ella, ofreciéndole un futuro prometedor a su lado. Pero poco tiempo después, la usaba como a una esclava, la tenía como a una prisionera. Él decidía todo por ella: qué comer, cómo vestir, con quién hablar, cómo y cuándo debía hacer las labores de la casa, porque, a pesar de tener di

