―Don Esteban... Nicole lo acaba de llamar y no sabe cómo decirle que otra vez le dieron licencia por los dos días siguientes y que ya no volverá hasta el lunes. ―¿Cómo está? ¿Cómo va su mano? ―pregunta él ante el silencio de ella. ―No muy bien, fui a médico ahora y me dio licencia por otros dos días. ―Eso quiere decir que no podrá venir hasta el lunes. ―Así es ―responde avergonzada. ―Está bien, no se preocupe. ―Lo siento ―se disculpa ella, no por la licencia, sino porque se recrimina a sí misma por la forma de tratarlo antes, por los problemas que han tenido y su forma de reaccionar tan poco racional. ―No es su culpa, si el doctor dice que debe descansar su mano, no hay más que obedecer. Silencio al otro lado de la línea. ―Debe cuidarse ―le sugiere él con tranquilidad.

