Esteban toma a la joven del brazo con cuidado y la saca fuera, allí se para frente a ella y le frota los brazos, parece conmocionada. ―No debí venir ―murmura ella. ―Yo no debí traerla. ―Lo siento, no creo que sea de mucha ayuda ―se disculpa ella posando sus ojos sobre los de él. ―No se preocupe, no pasa nada. ―Me siento muy tonta ―musita bajando la cabeza. Él la toma con ternura del mentón y levanta su rostro. ―No diga eso, Nicole, no es así, esta situación no es fácil. Ella lo mira extasiada, no es su idea, su nombre, en sus labios, suena muy bonito, es como si lo alargara saboreando cada una de sus letras. Sacude su cabeza para alejar esos ilusos pensamientos. ―¿Me espera un minuto? ―pregunta él con delicadeza. ―Claro, claro. Nicole se apoya en la pared mientras él entra

