Capítulo 6

1764 Palabras
_¿Qué diablos ocurre contigo? _¿Crees que dejaría que mi amiga pierda una oportunidad como esa? _Me moriré de la vergüenza si vamos en su coche a mi casa. Su amiga rodó sus ojos, quitándole importancia mientras sacaba sus apuntes. _No seas dramática. Las oportunidades hay que aprovecharlas. _De todas formas dudo que esté interesado en la manera en la que crees. Su amiga golpeó suavemente a Megan con uno de sus libros, regañándola con la mirada. _¡No digas esas cosas! ¡Por supuesto que puede estar interesado en ti de la manera en la que creo! La joven acusada levantó sus manos en defensa ante la irasciva mirada de su mejor amiga. _¡Ya! Lo entiendo. Sólo no parezco encajar con su estereotipo. _Quizás esté buscando mejorar su categoría. ¿Quién sabe? Respondió Lizzie, provocando que su amiga rodara sus ojos con una sonrisa divertida. Luego, su conversación fue interrumpida debido a que el profesor había llegado al salón, dando comienzo a la clase. Megan adoraba charlar con su mejor amiga, y lo haría todo el día si de ella dependiera, pero también tenía muy en claro su disciplina a la hora de prestar atención y tomar apuntes, pues de ese comportamiento dependían luego sus notas y su posible beca para la universidad que tanto anhelaba. El día le había resultado bastante corto para la joven, y cuando menos se dio cuenta ya era hora de que emprendiera su camino a casa. En cualquier otra ocasión que el día pasara rápido hubiese sido un beneficio total para ella, sobre todo considerando que era viernes. No obstante, ahora parecía querer alargar sus últimos minutos de clase mediante alguna especie de telekinesis mientras observaba fijamente el reloj de pared. Cada minuto que bajaba aquella aguja, ella sentía un nudo pesarle en el estómago. Claramente nunca había sido muy buena respecto a los muchachos. Sobre todo con aquellos que le gustaban. No me malinterpreten aquí. Megan no era ninguna monja ni mucho menos. Sin embargo, siempre tenía la suerte de que sus nervios le jugaran malas pasadas. Debido a su personalidad un tanto tosca, no solía ser el objetivo de muchos chicos, que preferían ir a por algo un poco más estándar en cuánto a los cánones de la preparatoria se refieren. Y a pesar de que ella era una joven de rasgos delicados, solían esconderse debajo de sus grandes lentes y su cabello un tanto despeinado. La falta de una figura materna en su vida tampoco hacía las cosas fáciles. Como única mujer, tuvo que acostumbrarse toda su adolescencia- y su vida en general- a convivir con dos hombres, con todo lo que ello requiere. Gracias a eso había aprendido sobre un montón de temas inútiles para sus gustos como lo eran los deportes o los coches, pero había perdido un poco el sentido de su propia feminidad. Megan sabía que, parte de esto, la llevaba en un círculo vicioso en el que no le gustaba muchas veces cómo se veía pero tampoco hacía mucho para cambiarlo. Atragantada en sus propios nervios, Megan caminó por los pasillos de la escuela hacia la salida de esta. Una pequeña esperanza le decía que quizás no se encontraba allí aún, y eso le daría justificación suficiente para huir a su casa por su propia cuenta. Sin embargo, en cuánto estaba a tan sólo unos metros de distancia, observó como aquel muchacho le aguardaba recostado sobre su coche. Intercambió una mirada con él, que terminó en una sonrisa de su parte. Allí pudo sentir como su estómago daba un vuelco mientras internamente intentaba mantenerse lo más tranquila y normal posible. No podía dejar ir esa oportunidad de acercarse a uno de los chicos más populares de la escuela. _¿Lista para irnos? Ella asintió tímidamente, mientras él le abría la puerta del acompañante para que pasara. Toda la situación le parecía de ensueño, pues nunca se había imaginado estar haciéndolo. Claramente sentía la mirada de varios curiosos que debían de estar preguntándose qué era lo que ocurría ante tal combinación inesperada. Lo cierto es que ella tampoco sabía, pero no le quedaba más que disfrutar del momento. Rápidamente él entró en el lado del conductor y encendió el motor, dirigiéndose a destino. No sin antes dar un suspiro cansino llamando la atención de la joven. _Ha sido un día largo, ¿No crees? _A mi se me ha pasado volando.-Respondió Megan entre risas. _No sabes lo que te envidio entonces. Yo he tenido que entrenar casi todo el día para luego asistir a clases. El entrenador dice que si no tenemos buen promedio no podremos participar de las pruebas universitarias. _Oh, ¿Y en qué necesitas subir tus notas? Él le dio una mirada rápida a Megan, con una sonrisa irónica. _Casi todo, si te soy sincero. Un pequeño “Oh” se escapó de la boca de la joven, que no supo como reaccionar a esto. El joven levantó sus hombros, volviendo a hablar. _Pero bueno, un pequeño esfuerzo por el último año. _Puedo ayudarte con tu promedio si lo necesitas.-Soltó la joven, algo tímida. El joven rubio se giró hacia ella, levantando sus cejas con sorpresa. _¿Lo dices enserio?-Ella asintió, con algo de pena.-Qué bien que lo dices, porque estaba a punto de preguntarte si querías hacer equipo conmigo en el próximo trabajo de filosofía. Megan se quedó helada. ¿Eso estaba ocurriendo realmente? ¿El muchacho del cual siempre estuvo enamorada le estaba pidiendo hacer equipo con ella para un trabajo? Rápidamente se dio cuenta que su propia sorpresa no le había dejado emitir respuesta alguna, por lo que tuvo que reaccionar rápidamente. _Oh. Uh, no creo que haya problema con eso. Sólo tengo que...arreglar con Lizzie, pues suelo hacer los proyectos con ella. _Si es mucha molestia podemos dejarlo para otra ocasión. _¡No!-Respondió Megan sin pensarlo demasiado. Su reacción algo exaltada sorprendió al muchacho, por lo que tuvo que calmar su tono antes de volver a hablar, con una sonrisa nerviosa.-No creo que Lizzie tenga problemas en hacerlo con nadie más. El joven dejó relucir una encantadora sonrisa, mientras tomaba su teléfono celular del bolsillo. _ De acuerdo, me alegra oír eso. ¿Quieres anotar tu número aquí? Así luego coordinaremos lo necesario para el proyecto. Como por ejemplo, si lo hacemos en tu casa o en la mía. Megan sostuvo, sorprendida, su teléfono. ¿Matthew realmente estaba pidiendo por su número? ¿Para contactarla? Tuvo que tomarse sus pequeños segundos de realización porque no podía creer que no estuviera teniendo un sueño lúcido. Cuando finalmente pudo reaccionar, agendó su número en su lista de contacto, un poco ignorando sabiamente el gran listado de chicas que tenía allí. Entre tanta charla, el viaje se hizo bastante más corto de lo que esperaba, cosa que no le agradó demasiado a la morena. Quitándose el cinturón, se giró hacia él para despedirse. _Bueno, nos vemos luego entonces. Él escaneó, con sus ojos verdes, todo el perímetro de su rostro. Acto seguido, asintió lentamente con su cabeza mientras sus largas pestañas revoloteaban coquetamente. ¿Le estaba coqueteando? _De acuerdo. Luego te llamo, ¿Te parece bien? Tímidamente, un “Sí”” se escapó de los labios de Megan antes de que tomara su mochila y caminara hasta el pórtico de su casa, en dónde él parecía estar aguardando a que entrara. Con sus manos algo temblorosas tomó las llaves de su hogar, aunque no hicieron mucha falta debido a que ante el primer intento de meterlas en la cerradura abrieron la puerta desde el otro lado. Para su suerte, era nada menos que su peor pesadilla, quien no tuvo reparos en mirar detrás del hombro de la joven el auto que parecía recién marcharse. Mirándola con desdén, levantó una ceja. _¿Y ese quién es? Megan rodó sus ojos, entrando a la fuerza ya que el cuerpo de Luke bloqueaba casi toda la entrada. _¿Y a ti qué te importa? Él pareció algo sorprendido ante la respuesta, mientras se tiraba al sofá. _¿Nunca te han enseñado que se respeta a tus mayores? _Y también me han enseñado a mantenerme lejos de patanes como tú. Pero heme aquí. Respondió ella, dirigiéndose a la cocina para prepararse un sándwich. De fondo, pudo escuchar la risa de Luke ante la creativa respuesta de su parte, para luego hacer su aparición física en la cocina, sólo para fastidiarla. Apoyando sus codos sobre el desayunador, Luke se encargó de mirar fijamente cada movimiento que ella realizaba, cosa que comenzaba a molestarla en cierto punto. _¿Qué haces? Preguntó curiosamente cuál niño pequeño. _Me preparo un sándwich. ¿No lo ves?-Respondió ella, sin siquiera girarse a mirarlo.- ¿Dónde está mi hermano? _Ha salido a hacer un par de compras. ¿Me preparas uno? _No.-Respondió ella de manera tajante, mientras seguía con su preparación.- ¿Qué tipo de compras? Poniéndose de pie a su lado, él comenzó a imitarla, preparándose otro sándwich. _Bueno, quizás hagamos una pequeña reunión aquí hoy y- Antes de que pudiese terminar la oración, ella se giró para verle molesta. _¿Están pensando en hacer una fiesta en mi casa? Él se encogió de hombros, sin entender el por qué de su reacción alterada. _Bueno, es casa de Zack también. _Mi padre lo mataría si acaso llega a realizar una fiesta aquí. ¿Acaso estás loco? _No fue mi idea. No soy quién para decirle a la gente qué hacer y qué no hacer en sus casas cuando sus padres no están. Ella rodó sus ojos, mientras tomaba el plato de comida y lo llevaba camino a las escaleras. _Gracias por avisarme con tiempo al menos. Así me aseguraré de encontrar un lugar donde estar que no sea aquí esta noche. _Vamos, ¿La única fiesta a la que te invitan y no vas a ir? Me parece una mala jugada de tu parte. _Que viva aquí no significa que esté invitada. Replicó ella, mientras se giraba en el segundo escalón para ver el rostro de Luke, quien la había seguido desde la cocina sólo para seguir con aquella charla. _Yo si te estoy invitando.-Respondió el moreno, sonriendo.-Por si no te ha quedado en claro aún. _Y yo digo que prefiero arrancarme las uñas con unas pinzas que asistir a una fiesta de ustedes.-Respondió ella, inclinándose hacia su rostro.-Por si no te ha quedado en claro aún. Sin esperar respuesta de su parte, subió las escaleras hacia su habitación dejándolo allí.
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