Capítulo 2

1862 Palabras
Luego de un viaje silencioso y tenso, finalmente decidió romper el silencio con un suspiro. _¿Aún sigues molesta por lo de hoy? _¿Te refieres al hecho de que un desconocido que particularmente no me cae nada bien se mude con nosotros? Oh, puede ser. Su padre no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa divertido ante el ingenio que Megan poseía para el sarcasmo y la ironía. _Estoy seguro de que no será tan malo como lo crees. Sólo serán un par de días. _Estar en una habitación con él más de veinte minutos me es suficiente para entrar en demencia, papá. Antes de que pudieran seguir aquella conversación, habían llegado a destino. _Por el momento sólo olvida el tema y concentrate en tu día aquí. ¿De acuerdo? _Entendido.-Respondió ella, aún con poca gana. _Tu hermano vendrá por ti luego. Cuídate mucho y suerte en tus clases de hoy.-Mencionó su padre mientras despeinaba su cabeza en una señal de cariño. _Tú igual, papá.-Respondió ella mientras intentaba esconder la sonrisa divertida ante aquel gesto, que sabía que su padre solía utilizar para molestarle. Llegando a la entrada de la escuela se encontró con su amiga Lizzie quien aguardaba por ella pacientemente. Sin embargo, notó al instante que algo no estaba bien con la morena en cuánto visualizó su rostro. _Iba a decirte buenos días, pero con esa cara veo que no han sido tan buenos como creo. Megan rodó sus ojos al escuchar las palabras de su amiga, mientras ambas caminaban por el pasillo hacia sus clases. _Ni que lo digas. _¿Qué ha pasado? ¿por qué esa cara? _Bueno, mi día ha comenzado con la noticia de que el mejor amigo de mi hermano viene de visita a la ciudad. Su mejor amiga abrió sus ojos ampliamente, sorprendida. _¿Hablas de Luke? ¿En serio estará aquí en la ciudad? Si había algo que ella siempre había detestado era no sólo el hecho de que su hermano había elegido entre las peores amistades con las cuáles congeniar, sino también el hecho de que toda la escuela los reconocía por su popularidad. Ambos jugaban al fútbol americano y esto les había permitido ganar copas nacionales, por lo que no sólo tenían el reconocimiento nato de la escuela -además de casi cualquier mujer en la institución- sino también de la ciudad. El recuerdo de la cantidad de veces que Megan oyó a chicas mencionar las obscenidades que le harían a su hermano mayor la persigue incluso hasta la actualidad. Borrando aquella imagen de su mente arrugó su rostro y asintió ante la pregunta de su amiga, sacándola de sus pensamientos. _Sí, para mi desgracia. _Nunca entendí tu odio hacia Luke, ¿Acaso no lo has visto? _Ni idea, quizás mi odio viene de que ha sido la persona que hizo la vida de mi adolescencia imposible. ¡Pero quién sabe! Su mejor amiga rodó sus ojos. _Creo que estás exagerando. _Se encargó de ponerme el apodo de cuatro ojos por el cuál toda la escuela me reconocía. Su amiga la miró, aún con algo de duda. Por lo que Megan detuvo su paso posicionándose frente a su amiga. _Cuando Matthew Jacobs me invitó al baile de primavera le dijo que yo tenía problemas de piojos, Lizzie. Su mejor amiga arrugó su nariz mientras asentía con su cabeza, dándole la razón. _Había olvidado completamente eso. _¿Ahora si entiendes a lo que me refiero? Ambas entraron en el salón de clases, continuando con su charla. _Bueno, pero a fin de cuentas estará con Zack la mayoría del tiempo, ¿No? Yo no me preocuparía demasiado. Como si hubiese dado en el blanco, Megan sonrió hacia la nada mientras oía a su amiga sentada en el banco detrás de ella. Con aquella misma sonrisa irónica se giró, ante la mirada desconcertada de su compañera. _Bueno, creo que ahí es donde reside el problema. A Zack se le ha ocurrido la maravillosa idea de invitarlo a quedarse en casa durante su estadía en la ciudad. Megan observó como Lizzie se llevó ambas manos a su boca, en un gesto de total sorpresa. _No inventes. _Ojalá fuese un invento. _¡Muchachas!-Exclamó la profesora, llamando la atención de ambas.-Será mejor que dejen la charla para otro momento, o me veré en la obligación de suspenderles. Ambas se miraron en silencio y decidieron no aportar mayores comentarios. Sobre todo, porque Megan temía que peligraran sus notas debido a su incapacidad de mantenerse callada más de un minuto. Era en definitiva una alumna aplicada, aunque según cuándo, a veces solía ser despistada y algo desorganizada. Sin embargo, tomaba muy enserio sus cuestiones académicas, pues en su último año de escuela aspiraba a ganarse una beca en la universidad de sus sueños. Ella era considerada el polo opuesto de su hermano, que si bien era una joya del deporte, dejaba mucho que desear a niveles académicos. Megan por su parte, era muy aplicada con sus calificaciones, pero el deporte no era su mejor fuerte y esta era una de las razones por las cuales había sufrido hostigamientos de su hermano en el pasado y por supuesto que también de su mayor némesis, Luke. Cada vez que pensaba en él, su estómago se revolvía entre el rencor y la asquerosa idea de tener que ver su rostro en su propia casa-considerada por ella misma su lugar a salvo- lo cuál le provocaba bastante frustración. Esperaba que tal como mencionaba su amiga, se la pasara estando fuera de la casa con Zack, al menos para hacer la convivencia más amena. Las clases finalmente habían llegado a su fin y era momento para volver a su casa. Siguiendo las indicaciones de su padre espero por su hermano mayor, aunque no le veía cerca. Ni el estacionamiento, ni en la puerta de la institución. Pensando en que se le podría haber olvidado, le envió un mensaje. “Z, soy Megan. Papá me ha dicho que me recogerías de la escuela, ¿Vienes en camino?” Las dos tildes grises indicaban que el mensaje había llegado a destino, más no había sido leído aún. Algo molesta soltó un pesado suspiro, mientras se recostaba en la pared esperando que su hermano llegara a buscarle. Entre eso, es interrumpida por una voz que llama a su nombre. Al levantar la vista de su celular, notó que se trataba de Matthew Jacobs, quien había sido su amor imposible desde que ella tenía memoria. Y no sólo el de ella, sino que se animaba a admitir que de casi todo el plantel femenino escolar. No había mujer que no pensara al menos en pequeña medida que aquel muchacho era un ser completamente hegemónico. _Hey, ¿Megan, verdad? Una sonrisa iluminó el rostro de la morena a pesar de que siquiera se acordaba de su nombre, incluso luego de compartir clases junto a él por años. _Matthew...-Soltó ella en un tono algo efusivo, como si hubiese salido sin pensarlo.-Hola, sí. Soy yo. _¿Eres la hermana menor de Zack, cierto? Ella asintió rápidamente, sin poder borrar la tonta sonrisa que se torcía en su rostro al verle. _Así es, esa soy yo. De hecho, ahora mismo estaba esperando a que me recoja pero no estoy segura de que venga.-Mencionó mientras revisaba su celular en busca de una respuesta de su hermano, pero aún no parecía dar señales de vida. Antes de agregar un comentario, soltó un suspiro.-Supongo que sólo me tomaré el autobus. _Tengo el coche a unas calles.-Mencionó él, señalando con su cabeza.-Si quieres puedo dejarte en tu casa sin problemas. Megan quedó paralizada ante la propuesta. No porque no fuera a gustarle la idea, pero jamás se había imaginado teniendo esa conversación con él, siquiera en sus sueños más locos. Entrando en pánico, sonrió de manera nerviosa mientras negaba con su cabeza. _No te preocupes, realmente no es un gran tema tomarme el bus. Sólo son...unas cuántas calles hasta la parada.-Comentó con algo de desagrado. El muchacho frunció su ceño, mirándola. _¿Estás segura? Megan asintió, dándole una palmada en su hombro del que rápidamente se arrepintió. _Si, tonto. No te preocupes, que a mi me gusta caminar. El joven asintió, sin encontrarse demasiado convencido por ello. _De acuerdo...nos vemos luego, supongo. _¡Si! ¡Nos vemos luego! Megan observó como el amor de su vida caminaba calle abajo luego de haber tenido la conversación más extraña e incómoda de su vida. ¿Realmente le había rechazado una vuelta en carro a Matthew Jacobs? Frustrada por su fallido intento de acercamiento y observando que su hermano no parecía tener intenciones de aparecer, comenzó a caminar de mala gana hasta la parada de autobus más cercana, a unas cinco calles de distancia de la escuela. Habiendo vuelto agotada de su largo día escolar y luego de una caminata inesperada, Megan finalmente llegó a su casa. No obstante, en cuanto intentó increpar a su hermano se dio cuenta que no se encontraba en la casa. Que de hecho, no había nadie más que ella en su hogar. Sabiendo que no podría disputar su enojo con nadie más, decidió darse una pequeña siesta en su habitación, ya que se encontraba algo agotada. Cayendo así casi instantáneamente dormida al momento en el cuál apoyó su cabeza contra la almohada. No se despertó sino horas más tarde, escuchando el sonido del timbre sonar incesantemente. Decidió no moverse pues creía que alguien más en la casa se dirigiría hacia la puerta. Sin embargo, el timbre seguía sonando y sonando, y no parecía que nadie tuviese intenciones de abrir. Levantándose irritada ante esto, abrió la puerta de su habitación dándose cuenta del extraño silencio que había en la casa. Sólo se escuchaba la ducha en el baño principal, lo que le daba a pensar que uno de los dos aún no estaba en la casa. Al ver que el auto de su padre no se encontraba en la cochera y que el baño en uso era el del pasillo, notó que seguramente su hermano era quien se encontraba duchándose, pues su padre solía utilizar su baño privado en su propia habitación. Por lo que, furiosa, se dirigió hacia su puerta para golpear frenéticamente y luego soltar un grito. _¿¡Acaso no estás escuchando la puerta sonar, maldito tonto!? Dicho esto, bajó las escaleras para abrir al aún incesante toque del timbre. Para cuando abrió la puerta, se encontró con una desconcertante sorpresa. Su hermano se encontraba de pie frente a ella con unas cuántas bolsas de compras. Apenas la entrada se abrió, él entró de forma atropellada dejando todas las bolsas en el suelo mientras daba un agitado suspiro de cansancio. _Maldita sea Megan, estaba hace al menos diez minutos esperando ahí afuera. Ella, aún algo somnolienta, no supo qué responder debido a que su cerebro todavía intentaba procesar qué era lo que sucedía. No fue sino hasta que escuchó la puerta del baño abrirse que dirigió su mirada a las escaleras junto a su hermano, observando como su mayor temor se hacía presente. La siesta le había hecho olvidarse de aquello completamente.
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